miércoles, 28 de octubre de 2020

Debajo de la cama

La imagen que más le había impresionado en toda su vida pertenecía a una película de la cual no recordaba ni el título. Había una niña tumbada sobre su cama. Poco más allá, a su izquierda, había un espejo, y ella podía verse dormir. La luna reflejaba su imagen, y cada noche, por aquello del miedo que atenaza a los niños, la cría se miraba en el espejo y aprovechaba para ver si debajo de su cama había algo de lo que debiera tener conocimiento. Tras ver que no había nada se quedó tranquila. Unas escenas más adelante volvió a hacer lo mismo y luego cerró los ojos. Su mano cayó hacia el suelo. En un momento dado notó una humedad viscosa en su mano lacia y abrió los ojos sin atrever a moverse un ápice. Giró la cabeza hacia la izquierda y miró el espejo. Bajo su cama había un hombre con ojos de sádico, que lamía su mano con la boca sangrienta en un rictus perverso.

Aquella escena era la que más terror le producía, pero ella no tenía un espejo al lado de la cama para mirar si estaba sola en la habitación, y por más que había pedido a sus padres que le pusieran un espejo estos siempre le habían dicho lo mismo: no hay sitio. A un lado tenía el balcón y al otro un armario y la puerta. No cabía esa posibilidad, y ponerlo enfrente no tenía sentido.

De modo que Leticia miraba debajo de su cama nada más entrar en la habitación, con las luces abiertas y la puerta del cuarto abierta, por si tenía que gritar y ser escuchada por sus padres. Una vez comprobaba que no habia nada, cerraba la puerta para asegurarse de que nadie podía entrar, y tras leer algunas páginas de un libro de la colección del Barco de Vapor, se dormía con la luz de la lamparilla encendida. Más tarde, como cada noche, entraría alguno de sus padres para darle un beso en la frente y cerrar la luz. También cerraban la puerta por expreso deseo de ella. Si antes no habían entrado, después tampoco lo harían.

Una noche entró e hizo su rutina habitual. Cuando terminó abrió el libro que estaba leyendo, sus ojos consumieron ávidamente unas páginas y cayó rendida. Su madre entró veinte minutos después, besó su frente, cerró la luz y se marchó, dejando cerrada la puerta.

Leticia no pudo ver como media hora más tarde el pomo de su puerta giraba lentamente. La puerta no chirribaba, de modo que tampoco se enteró cuando ésta se abrió lentamente y “algo” que no tenía forma ni color se deslizó por el suelo sin hacer ningún ruido. Ella permanecía inerte sumida en sueños cuando la sábana que la cubría comenzó a deslizarse hacia sus pies. Un pequeño cosquilleo producido por el movimiento de las sábanas hizo que moviera las piernas incómodamente, casi en un arranque nervioso, pero no llegó a despertarla. Cuando las sábanas terminaron en el suelo Leticia comenzó a tener una pesadilla. Sus ojos, ocultos tras los párpados cerrados, se movían rítmica y velozmente. Mientras tanto un ser invisible a la vista humana, deslizaba parte de sí por las piernas desnudas de Leticia, provocando que toda su piel se estremeciera y el bello de todo su cuerpo se erizara. Un frio glacial recorrió sus pies, sus piernas, su cintura, su pecho y sus brazos y terminó llegando hasta su rostro como un suspiro mortal. Leticia sintió que el corazón se le congelaba y abrió los ojos en un rictus de horror. Respiró hondo y comenzó a hiperventilarse mientras sus manos se agarraban fuerte a la sábana de fondo. Cuando logró aminorar la velocidad de su respiración y su corazón volvió a su número de palpitaciones habitual, Leticia parpadeó un par de veces más y se centró. Algo fallaba. No era solo la pesadilla que le había despertado, había algo más. Era un presentimiento. En un moviento tan rápido como el miedo le permitió, encendió la luz de la habitación.

Sentada aún en la cama se miró las propias piernas y encontró la respuesta a su pregunta. La sábana que cubría su cuerpo ahora no estaba. Miró a un lado y otro de la cama sin apenas mover más músculo de su cuerpo que el del cuello, y no encontró la pieza que faltaba. De un bote se puso de rodillas y se acercó hasta los pies de la cama. Allí abajo, de forma circular, estaba toda la sábana que debía haber estado cubriendo su cuerpo. Comenzó a sentir otra vez el miedo que la había hecho hiperventilarse y su respiración volvió a agitarse. De haber sido asmática ya habría sufrido un ataque. Era una suerte ser una niña sana. Si hubiera tenido setenta años probablemente aquella noche habría muerto de un ataque al corazón.

Alargó el brazo para recuperar su sábana y se la echó por encima. Todavía luchaba por recuperar también la serenidad. Tenía tanto miedo que apenas le salió un susurro de la boca cuando creyó estar gritando “mamá”. Su carne de gallina y su bello erizado no la tranquilizaba en absoluto. Tras gemir comenzó a llorar. Si las palabras no salían de su boca, tendría que ir hasta la habitación de sus padres para dejarse consolar... y aquello también le provocaba pavor. La habitación estaba dos cuartos más allá, al fondo del pasillo. Pero si quería que hubiera alguien con ella hasta que consiguiera volver a dormirse, tendría que salir de su propia habitación. Con todo el valor que una niña de doce años podría tener, Leticia localizó primero las zapatillas para ponérselas lo más rápido posible y salir corriendo de allí. Pensó que si corría llegaría antes a la habitación de sus padres y podría meterse entre ambos para recuperar la tranquilidad y el sueño. Sólo sus padres tenían esa capacidad de devolverle la paz. Ella era muy joven, no podía hacerlo todo sola. Necesitaba dos adultos a los que amaba y en los que confiaba.

Decidida, tras localizar sus zapatillas, se abrazó a la sábana, se calzó y corrió hacia la puerta de su habitación. Fue entonces, cuando al alargar el brazo para abrir el pomo, se dio cuenta de que la puerta estaba abierta. El miedo la paralizó de nuevo y sus ojos bailotearon de terror. No se atrevía a girarse y en el umbral permaneció el tiempo que a ella le pareció una eternidad. Sus pies no se atrevían a dar un paso más. Comenzó a hiperventilarse de nuevo y sintió marearse, y en un arranque último de valor extendió el brazo y abrió la luz del pasillo. ¿Iba a morir de miedo? Aquella duda consiguió que echara a correr hasta la habitación de sus padres pero fue tan rápida y torpe que se estampó contra la puerta semiabierta.

Cayó al suelo y se dañó un tobillo, pero provocó el suficiente ruido como para que su padre se despertara y abriera la luz.

- ¿Leticia?

La niña alzó su rostro poco a poco. Primero vio las baldosas del suelo, luego llegó hasta las zapatillas de su padre, y entonces miró debajo de la cama de matrimonio.

Antes de que la habitación comenzara a darle vueltas y cayera al suelo había podido ver que debajo de la cama de sus padres estaba su madre sobre un charco de sangre y un ser etéreo, como el cristal, al cual sólo se podía con los ojos de la infancia, lamía la barbilla sangrienta de su madre.



lunes, 26 de octubre de 2020

#070 El Holder del Mapa

En cualquier ciudad, en cualquier país; ve a cualquier institución de salud mental, manicomio o centro de acogida al que puedas llegar por tus propios medios. Cuando llegues al escritorio de la recepción pide ver a quién se hace llamar "El Portador del Mapa". El hombre o mujer detrás del mesón no levantará la vista de su lectura, echa un vistazo y memoriza el número de página en la que se encuentra. Repítele tu demanda con firmeza, entonces la persona hará un comentario sarcástico. Si escuchas "otro idiota" te encuentras en el lugar correcto, si hace cualquier otro tipo de comentario debes saber que es una mentira.

En ese momento el recepcionista comenzará a darte instrucciones, no te molestes en tratar escribirlas ya que es imposible sin importar cuanto lo intentes. Si no eres capaz de seguir exactamente las instrucciones te perderás, para cuando lo notes estarás fuera del edificio y este será el peor destino que te puedas imaginar. Si sigues bien las indicaciones deberías escuchar el sonido de una innumerable cantidad de manos escribiendo sobre un papel, a medida que te acerques a tu objetivo el sonido de hará más fuerte. En caso de que el sonido llegue a detenerse respira profundo y grita toda la información que tengas sobre dónde comenzaste, incluidas las instrucciones de cómo llegar ahí. La escritura debería comenzar nuevamente, pero de no ser así, tendrás que volver al punto de partida y comenzar de nuevo con tu búsqueda, no te pierdas.

Cuando llegues al final de las indicaciones deberías encontrarte con una puerta de metal con números dibujados en sangre, detente inmediatamente y escucharás una risita. No voltees a mirar, una voz comenzará a hablar bajo en ensordecedor sonido de los lápices, ignóralo y susurra una pregunta: "¿Dónde terminaré?". La voz entrará en los grotescos detalles de un campo de batalla, en el momento que deje de hablar ingresa el número de la página que estaba leyendo el recepcionista.

Despertarás en la iglesia más cercana a la institución, estarás recostado sobre un Mapa.


Ese mapa es el objeto N°070 de 538. Te llevará a cualquier lugar al que desees ir, pero no a la ubicación de los otros objetos.



sábado, 24 de octubre de 2020

#090 El Holder del Buscador

En cualquier ciudad, en cualquier país, puedes ir a cualquier institución mental o centro de rehabilitación donde puedas llegar por ti mismo. Dirígete a la recepción y pide visitar a aquel que se hace llamar "el portador del buscador". Una mirada aburrida se extenderá por el rostro del empleado y te preguntará: "¿Amigo o Familia?" mientras revisa sus papeles. Responde con prontitud, pero con calma: "Soy el que busca". Te lanzará una mirada de reproche, que te hará sentir irresponsable, como si tuvieras algún compromiso pendiente. El empleado te echará, alegando que no tiene tiempo para bromas. No presiones, solo lograrás que aparezcan los guardias y tu intento fracasará. Sal de inmediato y coloca tu mano en la puerta del edificio. Muchos de los que han buscado a este Portador recuerdan claramente haber llorado amargamente en este punto, aunque dudo que sea necesario. Grita a todo pulmón, con una voz lo suficientemente fuerte como para sacudir las piedras 

¡Sé que son reales! ¡No dejes que esto termine aquí!

Sentirás una mano en tu espalda. Tal vez te toquen el hombro o el brazo, o tal vez te tiren de la pernera del pantalón. Gira para mirarla, aunque ella no estará allí. Encontrarás una choza en ruinas directamente enfrente o al final de la carretera. Si un aire inhóspito parece querer alejarte de allí, has llegado el lugar correcto. Si deseas ahorrarte los innumerables horrores de los 2538 objetos, regresa ahora. Nadie pensará menos de ti por hacerlo. Sin embargo, si eres valiente, prepárate y golpea la puerta hecha de plástico.

Se deslizará hacia atrás, revelando a una hermosa mujer con un vestido elegante. Sus ojos estarán enrojecidos por la falta de sueño y haber llorado durante tantos años. Muchos años. Ella te preguntará si realmente crees en ellos. Di la verdad, ella sabrá si estás mintiendo y tu búsqueda terminará allí. Si le dices la verdad y le gusta tu respuesta, te invitará a pasar. Quítate los zapatos una vez dentro. Ella es un fanático de la limpieza y se enojará si encuentra algo en la alfombra. Sí, el interior de este destartalado lugar será opulento, adornado con mármol, oro, sedas y maderas nobles.

No toques nada mientras te acompaña a su salón. Especialmente los cristales. Una vez dentro del salón, siéntate en la mesa baja frente a ti mientras ella se ubica en el lado contrario. Esta mesa tendrá una forma octagonal, con una bola de cristal en el centro y con efigies de otros Objetos decorando los pies de la mesa. No los mires. No toques la bola. Ya habrá tiempo para eso. Ella te hará preguntas profundas sobre tus más oscuros secretos. Preguntas que pondrán al descubierto todos tus pecados y fallas. Si ella comienza a llorar, ten en cuenta esto: no llora por ti. No la consueles.

Después de un rato, tocará la bola de cristal. Hazlo también y te preguntará cómo te llamas. Dile tu nombre completo. Mientras lo pronuncias, letras comenzarán a formarse dentro de la esfera y tu nombre se desviará por el curvo borde del cristal. Te preguntará tu fecha de nacimiento. Dáselo y éste también se irá a la deriva. Ella te pedirá tus apodos, tus seudónimos, te pedirá que recuerdes cada uno de las formas en que te han llamado. Todo flotará lejos de ti y se difundirá en el nacarado interior de la bola de cristal. Cuando te pida que te levantes, hazlo y síguela a su dormitorio. Allí, ella te dejará ropa sobre la cama y saldrá, todavía con la bola de cristal en sus manos. Desnúdate. No dejes un solo anillo en tus dedos. Tu piel debe estar despojada de toda prenda o artilugio que no haya nacido contigo. Tira tu ropa en la chimenea apagada y vístete con la ropa que la mujer te preparó. Tu destino estará sellado por los colores de las prendas.

Recuéstate en la cama. No te acuestes de costado o boca abajo, si lo haces, permanecerás allí por toda la eternidad, nunca podrás dormir, pero experimentarás todas las pesadillas que alguna vez tuviste, incluso las que no recuerdas. Quédate quieto durante cuatro minutos y trece segundos. Si te mueves, ella no vendrá. Si lo haces correctamente, vendrá vestida con la misma ropa que tú y su cabello negro azabache estará hábilmente cepillado. Su maquillaje estará hecho a la perfección y se verá muy hermosa. Este es el último destello de la verdadera belleza antes de su largo viaje de horror. Ella arrojará tus zapatos a la chimenea y la encenderá, quemando toda tu ropa y pertenencias. Luego se acostará a tu lado en la cama y alisará tu cabello hacia atrás como una madre haría con su hijo. Observa en silencio cómo cientos de sirvientes grotescos entran en la habitación. No los mire a sus ojos atormentados por el dolor. No escuches sus murmullos hoscos. Porque si lo haces, emitirán sonidos que derretirán lenta y dolorosamente todos tus huesos. Luego te tomarán de la cama y te consumirán vivo, por haber sido considerado indigno.

Mientras no hagas estas cosas, y permitas que ella te acaricie, podrás ver cómo estos sirvientes con sus ropas negras traerán todas tus pertenencias y las arrojarán al fuego. No llores por la pérdida de estas cosas. Lo peor está por venir. Cuando todas tus cosas se hayan reducido a cenizas, ella se dará la vuelta y se sentará a horcajadas sobre tu cintura. Luego pinchará y pinchará sus músculos y nervios. A veces, parecerá que te pica la médula. Luego se elevará a su altura máxima y dirá:

"Sabes qué es lo que debes preguntar. Pregúntalo"

Pregúntale:

"¿Soy yo el elegido para buscarlos?"

Este puede ser tu último momento con tu mente, corazón, alma y cuerpo intactos. Es probable que ella empiece a llorar. Sus lágrimas caerán sobre tu pecho y comenzará a restregarlas sobre tu piel. Si en este punto sus uñas se clavan en ti, debes saber que todas tus mentiras de este día han sido descubiertas. Criatura repugnante, ¿cómo pudiste mentirle? Sus lágrimas se filtrarán por tus venas y disolverán tu voluntad en una cáscara que gritará y servirá únicamente para llevar las pertenencias de las personas por toda la eternidad, pero nunca tendrás las tuyas.

Puede que te mire con lástima, porque has llegado tan lejos y has experimentado horrores inimaginables, e incluso le has dicho la verdad absoluta, pero no eres el Elegido. Ella se disculpará por lo que te han hecho y por lo que te has visto obligado a hacer. Luego te preguntará:

"¿Quieres olvidar?"

Puedes responder de tres formas. Si dices que sí, se te devolverán todas tus pertenencias. Serás regresado a tu hogar y no recordarás a los Portadores, los Objetos ni los horrores que has presenciado por buscarlos. Si dices que no, como hacen algunos, su habitación y el edificio desaparecerán de tu alrededor. No tendrás ropa ni pertenencias, pero tendrás intacto el conocimiento que tengas de los Objetos. Si busca recolectarlos para beneficio personal, esta será tu opción a elegir. Sin embargo, puedes decir:

"No, pero deseo ayudar al Elegido"

En este caso, te dirá el nombre y la ubicación del Elegido. Deberás comenzar a buscarlo de inmediato, hablarle de la Novia y entregarle los Objetos que poseas. Después de esto, al igual que con la respuesta "Sí", serás devuelto a tu casa con todas sus pertenencias y sin recuerdo alguno de los Portadores.

Sin embargo, si ella se inclina y te besa en los labios, y tu ropa blanca toca la suya, deberás saber que has sido elegido. Ella te hablará de todos los Objetos que se han perdido y que no alcanzaron a ser documentados. Ella te dirá el orden correcto en el que debes acercarte a los Portadores, para que puedas buscarlos. Y encontrándolos, podrás buscarlo a Él. Ella te susurrará al oído tu nuevo nombre, Buscador de Portadores. Debes saber que desde ahora todas las personas que te conozcan no podrán retener en su memoria ningún nombre, seudónimo, apodo o alias que les recuerde a ti, salvo tu nombre como Buscador de Portadores. Si te alejas unos metros de cualquier institución mental o centro de rehabilitación y pides al viento que te traiga a la Novia del Buscador, su hogar aparecerá delante de ti como un refugio para escapar de tus problemas.

Ahora eres el objeto 90 de 538, el Buscador de Portadores. Ya sea que busques reunirlos o destruirlos, nosotros, los que fuimos antes, oramos por tu alma.

No nos decepciones.



#068 El Holder de lo Negativo

En cualquier ciudad, en cualquier país; ve a cualquier institución de salud mental o centro de acogida al que puedas llegar por tus propios medios. Llama la atención de la recepcionista y pide visitar a quién se hace llamar "El Portador de lo Negativo". Si la persona de recepción se niega rotundamente a ayudarte, gira inmediatamente, deja la institución y toma la ruta más rápida posible a casa; Después de quince días de esconderte sabrás si tus rastreadores te han encontrado. Sin embargo si la recepcionista simplemente asiente con la cabeza con una expresión pétrea y te indica que la sigas, hazlo. Te llevará a una habitación de hospital aparentemente inocente y luego se irá.

Tan pronto como la puerta se cierre debes mover la camilla a un lado para revelar una trampilla de madera decrépita en el piso. Usa la cama para bloquear la entrada, el tiempo corre y los centinelas están en camino. Abre la trampilla y encontrarás un polvoriento ataúd gris de metal que se encuentra en un pozo poco profundo excavado en el suelo. Abre las cerraduras laterales y levanta la tapa: si está vacío acuéstate dentro y cierra la tapa; si ya hay gente ahí te recomiendo intentar romperte el cuello antes de que lo haga el residente del interior del ataúd.

Debes permanecer dentro del ataúd exactamente cuatro minutos y trece segundos, antes de ese momento no debes abrir la tapa, lo que sucedería si lo haces escapa a la comprensión de tus oídos mortales. Cuando haya pasado el tiempo indicado golpea dos veces la tapa metálica, si no tienes respuesta golpea 3 veces más, si el ataúd tiembla levemente en respuesta puedes abrir la puerta. En cambio si el ataúd permanece en silencio, debes saber que tu esperanza de vida en este momento es cuanto más de un minuto. 

Empuja a un lado la tapa para emerger en lo que parecen los oscuros y destruidos restos de un extraño taller de máquinas subterráneo. Las paredes de color ocre con manchas y el polvo gris del tiempo sobre los apagados y silenciosos dispositivos informáticos hablan a su propia manera de los cientos y miles de batallas que se planearon, se organizaron y se perdieron miserablemente en la misma habitación en la que ahora estás tu sentado. No pierdas el tiempo ya que la maquinaria puede ser extraña e intrincada. Ponte de pie y extiende la mano derecha para encontrar una pared y da vueltas hasta que encuentres una palanca de metal que sobresale de ella aproximadamente a la altura de tu hombro. Si la habitación comienza a emitir un zumbido cada vez más fuerte, no te asustes, en cambio grita a la oscuridad: "Es el último conocimiento que necesitamos". Si el zumbido se apaga puedes continuar con tu búsqueda, si no es así la maquinaria comenzará su última rutina de integración contigo como objetivo. Una vez que encuentres el interruptor bájalo.

El último generador operativo se marchará con un doloroso gemido, alimentando poco más que los escuetos buenos artefactos de iluminación del suelo. El centro de la sala todavía está en penumbras y verás un enorme dispositivo de color latón, increíblemente complejo, que se asemeja a un cruce entre un opulento trono de metal y un sistema de soporte vital de la era victoriana. En medio de los tubos de Zig Zag, las tuberías, las válvulas, los engranajes y las placas podrás ver un cadáver demacrado e inhumanamente frágil aferrándose a penas a lo que le queda de vida. Por muy intimidante que pueda ser el trono, debes entrar con toda naturalidad en presencia de la criatura y preguntarle: "¿Quién los dispersó por primera vez?".

Tu pregunta enciende una nueva luz en sus lechosos y grises ojos y con el despecho y la frustración de innumerables generaciones, en su voz ronca y mecánicamente amplificada te recitará todas las historias de heroísmo, todas las historias de heroísmo vano, cada alianza rota y todos los fracasos desgarradores y decepcionantes de todos los que vinieron antes de ti. Su contagiosa desesperación atravesará tu piel, se deslizará más allá de tu carne y atravesará tus huesos; pero debes tener cuidado de no perder la concentración: él sigue siendo su esclavo y su lado corrupto te consumirá fácilmente si le das la oportunidad. Entonces te contará la historia de aquellos que supieron por primera vez de su convergencia, cómo dispersaron los objetos y rompieron su impía unión, también te dirá qué hizo que fracasaran y perecieran.

Cuando haya terminado te extenderá lenta y dolorosamente la mano desde el interior de la carcasa metálica, no tomes su mano. Lo que debes hacer es cruzar tus brazos sobre el pecho y exclamar: "¡Tus ruinas defectuosas no son mías para abrazarlas!". Apoyado en uno de los misteriosos dispositivos de la sala, hay un delgado bastón de metal de dos puntas. Tómalo y usando todo el poder que logres reunir, dirígelo a la única parte vital que está expuesta en su cuerpo: la cabeza. Su muerte será rápida.

En el momento que su cuerpo podrido y el dispositivo infernal permanezcan en silencio, introduce tu mano en el caparazón de metal que protege al cadáver y busca el mecanismo que mantiene funcionando internamente a la máquina, en cuanto tu mano toque una pieza de calor punzante tómala y arráncala, debería desprenderse fácilmente. Corre lo más rápido que puedas al ataúd de metal, has matado a la única entidad que mantenía el orden del lugar y no pasará mucho tiempo hasta que la habitación en la que estás comience a deshacerse y se desmorone en el vacío. Cierra la tapa, cierra los ojos y si tienes suerte te dormirás instantáneamente.

Al despertar estarás en tu propia casa, en tu propia cama, abrazando fuertemente contra tu pecho un objeto caliente de metal. Es prudente que te deshagas inmediatamente del ataúd que está junto a ti, no quieres lidiar después con preguntas incómodas.


El engranaje dorado corrupto que abrazabas es el Objeto N°068 de 538. Ahora sabes cómo fallaron tus predecesores y es tú responsabilidad asegurarte de que esos errores no se repitan. 


viernes, 23 de octubre de 2020

#536 El Holder del Autocontrol

Antes de comenzar te sugiero que estés cerca del final de tu búsqueda, idealmente ya deberías conocer unos 500 portadores. Si intentas encontrar al "Portador del Autocontrol" cuando tu resistencia y cordura no se han llevado reiteradamente al límite, no es posible que hayas fortalecido lo suficiente tu determinación como para lograr esta hazaña. 

En cualquier ciudad, en cualquier país; encuentra la reunión pública más cercana que puedas encontrar, pregunta por el "Portador del Autocontrol". La mayoría de los presentes no sabrá de qué estás hablando, pero una de las personas presentes fruncirá el ceño o dejará de sonreír, para luego mostrar una estoica expresión. Siempre habrá uno, sin importar la ocasión. Cuando encuentres a esta persona desnúdate completamente y suelta lo que sea que estés sosteniendo. Mantén tus brazos extendidos para que cada pulgada de tu piel esté expuesta, cuando hayas terminado esa persona te guiará entre la multitud. La gente inevitablemente te mirará fijamente, hará comentarios sarcásticos y te castigará; pero no debes prestarles atención. Permanece completamente estoico y no apartes tu vista de la persona a que te guía.

Luego de más o menos una hora de caminata ya no estarás entre la misma multitud en la que comenzaste, el cambio será sutil y muy gradual pero, eventualmente te darás cuenta de que estás caminando entre una multitud de demonios. Se burlarán de ti, se burlarán de tu desnudez y algunos tal vez lleguen a tocarte, pero aún así no les prestes atención. Mientras sigas caminando no pueden hacerte daño, pero insisto, debes permanecer inexpresivo y siempre mira de frente a la persona que te dirige.

Cualquier vergüenza, enfado o cualquier otra emoción que puedas sentir durante este viaje, se intensificará hasta el punto que te sentirás paralizado completamente con los demonios. Tu guía llegará eventualmente a una pared y la atravesará pero tu no podrás hacerlo, quédate completamente quieto y espera pacientemente mientras los demonios continúan acosándote sin cesar. Ignora a los demonios, ignora tu hambre, ignora tu sed y tu cansancio; permanece completamente quieto durante días y una puerta aparecerá en la pared frente a ti. Pasa por el umbral hacia la habitación y la puerta se cerrará tras de ti.

Las paredes, el piso y el techo de esta habitación deberían ser del blanco más puro y la iluminación no parece pertenecer a la tenue luz que lo alumbra. La habitación está completamente vacía excepto por otro ser desnudo en el medio. Esta criatura humana o inhumana te parecerá la cosa más atractiva que jamás hayas visto, pero debes suprimir inmediatamente cualquier forma de excitación; la entidad no te ayudará, pues comenzará a tentarte primero verbalmente y luego en su desesperación físicamente. No caigas en la tentación, no consideres sus ofertas ni por un segundo y aunque te estimule físicamente no llegues al clímax. Si fallas estarás perdido eternamente en un estado de dicha e ignorancia, olvidando para siempre todo lo demás.

Sin embargo si tienes éxito, el seductor o seductora sonreirá, asentirá y te dirá que has fallecido. En un parpadeo te encontraras vestido con las prendas más finas que puedas imaginar. Ya no estarás cansado ni tendrás hambre aunque no hayas comido o dormido durante días. Ahora y solo ahora puedes relajarte y ceder ante tu emoción, se formará una puerta detrás de ti. Agradece e inclínate ante el Portador y sal por la puerta. No se si es necesario o no un signo de gratitud, pero después de todo esto sería una lástima fallar por falta de modales. Te encontrarás en la reunión donde comenzaste y la multitud que antes se burló de ti, ahora rugirá en aplausos aunque no sepan por qué lo hacen.


Tus nuevas prendas son el objeto N°536 de 538. Con ellas puestas nunca tendrás hambre, nunca te cansarás y nunca caerás en la locura. Es una lástima que solo las vengas a obtener ahora que tu búsqueda casi termina.