jueves, 26 de septiembre de 2019

El agujero del Diablo

Soy un geólogo que trabaja en el Parque Nacional Valle de la Muerte de Nevada. En el transcurso de los últimos meses, hemos estado estudiando la formación geológica apodada: "El Agujero del Diablo", que se encuentra en Nevada, estados unidos.

En fin, ese lugar siempre me pareció un tanto desconcertante. Tenemos una idea imprecisa de cómo llegó a surgir y de qué causa que haga lo que hace, pero hay algo más. Algo... que está mal.

El otro día, enviamos al agua a un DRON submarino pequeño, para ver si podía trazar el laberinto de sistemas de cuevas que sabeos que está ahí, pero que ha sido completamente inaccesible por décadas. Además, queríamos descubrir qué tan profundo llegaba ya que el hecho de que un terremoto en China pudiera provocar que el nivel del agua aumentara sustancialmente en este lugar de Nevadanos hacía pensar que era mucho más profundo de lo que estimamos preliminarmente.

El submarino comenzó a trazar los primeros 15 metros. Fue difícil conseguir una buena señal; el contenido mineral del agua era realmente inhóspito para los sistemas que utilizamos y la manera en que se comunican entre sí, sin mencionar que una vez que llegas hasta ahí abajo, el agua supecalentada cerca de los conductos geotermales es suficiente para inutilizar el DRON por completo.

Alrededor de los 23 metros la señal se puso bastante delicada. Teníamos unos cuantos minutos de comunicación decente, pero luego se cortaba en su totalidad y nos dejaba preguntándonos si el submarino había chocado o si se había dañado el DRON, explorábamos de cueva en cueva e íbamos más y más profundo. El agua estaba bien por encima de su punto de ebullición y a medida que la presión se incrementaba la temperatura también. El submarino podía soportar hasta los 200 grados Celcius por un corto período de tiempo en que aparecían los destellos.

Discutimos por un momento breve y el DRON se mantuvo en su sitio. El nivel del agua en el agujero comenzó a elevarse. Eso no era inesperado pues una cantidad increíblemente pequeña de actividad sísmica en cualquier parte del mundo era suficiente para mover el agua de aquí. Seguimos peleando y no notamos que hubo más destellos en la pantalla hasta mucho después, cuando analizamos el video.

Pero lo que finalmente nos sacó de nuestros respectivos berrinches fue la manera en que el agua había comenzado a cambiar de color. Pasó de su tono normal a un rojo apagado. Greg le echó un vistazo a la pantalla y notó que la profundidad del agua en la caverna (originalmente de 11 metros) había cambiado a 107,600 metros. Sabíamos que tenía que ser un error. Aparecieron más destellos en la pantalla a medida que el agua espumeaba y burbujeaba en la superficie y luego la trasmisión se cortó y se mantuvo así.

Greg y yo analizamos el video por la noche, todo lo que habíamos visto estaba ahí y aun era igual de confuso, pero entonces Greg vio un pico ligero en la pista de audio (cuando la profundidad de la cueva pareció desplomarse hasta el fondo). Lo pasó por algunos filtros para amplificar la señal y aclararla y luego lo reprodujo. Lo escuchamos unas veinte veces consecutivas a pesar de haberlo oído perfectamente la primera vez.

"Déjenme dormir. Déjenme soñar. Pronto Ascenderé".

Correspondiente con el incremento masivo en profundidad y con la última palabra del mensaje, hubo un destello más en el último fotograma antes de que el DRON se perdiera. Después que Greg aclarara el video, vimos lo que era. Un único y brillante ojo rojo que parecía tener el tamaño de una casa... El tamaño de una casa de 107,6000 metros.




Calificación: 

El Retrato Oval - E. A. Poe

Título Original: The Oval Portrait
Autor: Edgar Allan Poe
Nacionalidad: EEUU
Año de publicación: 1842

El retrato oval

El castillo en el cual mi criado se le había ocurrido penetrar a la fuerza en vez de permitirme, malhadadamente herido como estaba, de pasar una noche al ras, era uno de esos edificios mezcla de grandeza y de melancolía que durante tanto tiempo levantaron sus altivas frentes en medio de los Apeninos, tanto en la realidad como en la imaginación de Mistress Radcliffe.

Según toda apariencia, el castillo había sido recientemente abandonado, aunque temporariamente. Nos instalamos en una de las habitaciones más pequeñas y menos suntuosamente amuebladas. Estaba situada en una torre aislada del resto del edificio. Su decorado era rico, pero antiguo y sumamente deteriorado. Los muros estaban cubiertos de tapicerías y adornados con numerosos trofeos heráldicos de toda clase, y de ellos pendían un número verdaderamente prodigioso de pinturas modernas, ricas de estilo, encerradas en sendos marcos dorados, de gusto arabesco.

Me produjeron profundo interés, y quizá mi incipiente delirio fue la causa, aquellos cuadros colgados no solamente en las paredes principales, sino también en una porción de rincones que la arquitectura caprichosa del castillo hacía inevitable; hice a Pedro cerrar los pesados postigos del salón, pues ya era hora avanzada, encender un gran candelabro de muchos brazos colocado al lado de mi cabecera, y abrir completamente las cortinas de negro terciopelo, guarnecidas de festones, que rodeaban el lecho.

Lo quise así para poder, al menos, si no reconciliaba el sueño, distraerme alternativamente entre la contemplación de estas pinturas y la lectura de un pequeño volumen que había encontrado sobre la almohada, en que se criticaban y analizaban. Leí largo tiempo; contemplé las pinturas religiosas devotamente; las horas huyeron, rápidas y silenciosas, y llegó la media noche. La posición del candelabro me molestaba, y extendiendo la mano con dificultad para no turbar el sueño de mi criado, lo coloqué de modo que arrojase la luz de lleno sobre el libro.

Pero este movimiento produjo un efecto completamente inesperado. La luz de sus numerosas candelas dio de pleno en un nicho del salón que una de las columnas del lecho había hasta entonces cubierto con una sombra profunda. Vi envuelto en viva luz un cuadro que hasta entonces no advirtiera. Era el retrato de una joven ya formada, casi mujer. Lo contemplé rápidamente y cerré los ojos. ¿Por qué? No me lo expliqué al principio; pero, en tanto que mis ojos permanecieron cerrados, analicé rápidamente el motivo que me los hacía cerrar. Era un movimiento involuntario para ganar tiempo y recapacitar, para asegurarme de que mi vista no me había engañado, para calmar y preparar mi espíritu a una contemplación más fría y más serena. Al cabo de algunos momentos, miré de nuevo el lienzo fijamente.

No era posible dudar, aun cuando lo hubiese querido; porque el primer rayo de luz al caer sobre el lienzo, había desvanecido el estupor delirante de que mis sentidos se hallaban poseídos, haciéndome volver repentinamente a la realidad de la vida.

El cuadro representaba, como ya he dicho, a una joven. se trataba sencillamente de un retrato de medio cuerpo, todo en este estilo que se llama, en lenguaje técnico, estilo de viñeta; había en él mucho de la manera de pintar de Sully en sus cabezas favoritas. Los brazos, el seno y las puntas de sus radiantes cabellos, pendíanse en la sombra vaga, pero profunda, que servía de fondo a la imagen. El marco era oval, magníficamente dorado, y de un bello estilo morisco.

Tal vez no fuese ni la ejecución de la obra, ni la excepcional belleza de su fisonomía lo que me impresionó tan repentina y profundamente. No podía creer que mi imaginación, al salir de su delirio, hubiese tomado la cabeza por la de una persona viva. Empero, los detalles del dibujo, el estilo de viñeta y el aspecto del marco, no me permitieron dudar ni un solo instante.

Abismado en estas reflexiones, permanecí una hora entera con los ojos fijos en el retrato. Aquella inexplicable expresión de realidad y vida que al principio me hiciera estremecer, acabó por subyugarme. Lleno de terror y respeto, volví el candelabro a su primera posición, y habiendo así apartado de mi vista la causa de mi profunda agitación, me apoderé ansiosamente del volumen que contenía la historia y descripción de los cuadros. Busqué inmediatamente el número correspondiente al que marcaba el retrato oval, y leí la extraña y singular historia siguiente:

"Era una joven de peregrina belleza, tan graciosa como amable, que en mal hora amó al pintor y se desposó con él. Él tenía un carácter apasionado, estudioso y austero, y había puesto en el arte sus amores; ella, joven, de rarísima belleza, toda luz y sonrisas, con la alegría de un cervatillo, amándolo todo, no odiando más que el arte, que era su rival, no temiendo más que la paleta, los pinceles y demás instrumentos importunos que le arrebataban el amor de su adorado. Terrible impresión causó a la dama oír al pintor hablar del deseo de retratarla. Mas era humilde y sumisa, y sentóse pacientemente, durante largas semanas, en la sombría y alta habitación de la torre, donde la luz se filtraba sobre el pálido lienzo solamente por el cielo raso. El artista cifraba su gloria en su obra, que avanzaba de hora en hora, de día en día. Y era un hombre vehemente, extraño, pensativo y que se perdía en mil ensueños; tanto que no veía que la luz que penetraba tan lúgubremente en esta torre aislada secaba la salud y los encantos de su mujer, que se consumía para todos excepto para él. Ella, no obstante, sonreía más y más, porque veía que el pintor, que disfrutaba de gran fama, experimentaba un vivo y ardiente placer en su tarea, y trabajaba noche y día para trasladar al lienzo la imagen de la que tanto amaba, la cual de día en día tornábase más débil y desanimada. Y, en verdad, los que contemplaban el retrato, comentaban en voz baja su semejanza maravillosa, prueba palpable del genio del pintor, y del profundo amor que su modelo le inspiraba.

Pero, al fin, cuando el trabajo tocaba a su término, no se permitió a nadie entrar en la torre; porque el pintor había llegado a enloquecer por el ardor con que tomaba su trabajo, y levantaba los ojos rara vez del lienzo, ni aun para mirar el rostro de su esposa. Y no podía ver que los colores que extendía sobre el lienzo borrábanse de las mejillas de la que tenía sentada a su lado. Y cuando muchas semanas hubieron transcurrido, y no restaba por hacer más que una cosa muy pequeña, sólo dar un toque sobre la boca y otro sobre los ojos, el alma de la dama palpitó aún, como la llama de una lámpara que está próxima a extinguirse. Y entonces el pintor dio los toques, y durante un instante quedó en éxtasis ante el trabajo que había ejecutado. Pero un minuto después, estremeciéndose, palideció intensamente herido por el terror, y gritó con voz terrible:

"¡En verdad, esta es la vida misma!" Se volvió bruscamente para mirar a su bien amada:

¡Estaba muerta!"


miércoles, 25 de septiembre de 2019

Malkavian

Sigo soñando durante el día. Creía que eso dejaba de suceder... no es que ninguno de los otros haya dicho nada de los sueños, así que tampoco es que tenga nada en lo que sustentar esta asunción, aparte de un poco de sentido común. Por lo menos, creo que es de sentido común. Hace veinte años que estoy muerto. Tendría que haber dejado de soñar. Aunque claro, tampoco es que se pueda decir que "duerma"... que durmamos durante el día. Dormir te restaura. Se supone que al despertar tienes más energía, pero eso no ocurre a menos que...

Ésa es la parte que más me molesta. Cuando se pone el sol, suelo sentirlo. En parte es el regreso de mi fuerza, tanga lo que tenga; sobre todo es debido al hambre. Levantarse con hambre... eso no ha cambiado con el tiempo. Pero incluso cuando me ruge lo que me quede de estómago, me parece que es mejor que despertarse alrededor de la medianoche y no sentir ningún apetito.

Los otros no dejan de decir, al menos cuando piensan que no puedo oírlos, que todos los de mi... familia están locos. Chiflados. Nunca me he tenido por loco, ni cuando estaba vivo, ni cuando me convertí en... esto. Pero es muy difícil estar seguro. ¿Qué ocurre cuando sueño? ¿Estaré despierto en realidad, haciendo cosas que luego no recuerdo? ¿Tendrán razón? ¿Estaré loco?


martes, 24 de septiembre de 2019

El Faro - E.A. Poe

Título Original: The Light-House
Autor: Edgar Allan Poe
Nacionalidad: EEUU
Año de publicación: 1909


El Faro


1º de enero de 1796

Hoy, mi primer día en el faro, hago esta anotación en mi diario, según lo acordado con De Grät. Llevaré el diario con la mayor regularidad posible, aunque Dios sabe lo que podría sucederle a alguien tan solitario como yo... Podría enfermar, o algo peor...

Hasta ahora, todo bien. La balandra se salvó por poco, pero ¿por qué pensar en ello si estoy aquí sano y salvo? Mi ánimo mejora sólo con pensar que estaré- al menos una vez en mi vida- completamente solo, pues por grande que sea Neptuno, es obvio que no se le puede considerar parte de la “sociedad”. Sabe el cielo que nunca he confiado en la sociedad ni la mitad de lo que confío en este perro. Si lo hubiera hecho, la “sociedad” y yo no nos habríamos separado ni siquiera por un año... Lo que más me sorprende es la dificultad que tuvo De Grät para conseguirme este puesto... ¡a mí, un noble del reino! No es probable que el consejo tuviera dudas sobre mi capacidad para dirigir el faro. Un solo hombre lo había atendido antes y se las ingenió tan bien como los tres que por lo general asignan a la tarea. Las obligaciones son nimias, y las instrucciones absolutamente claras. No sería lo mismo si me hubiera acompañado Orndoff. Jamás habría podido avanzar con mi libro teniéndolo cerca, con su intolerable cotilleo, por no hablar de su sempiterna pipa de espuma de mar. Además, quiero estar solo... Es curioso que nunca hasta ahora hubiera reparado en el triste sonido de la palabra “solo”. Casi me parece que hay algo extraño en el eco de estos muros cilíndricos..., ¡pero no!, es absurdo. Sé que mi aislamiento me inquietará, pero no lo permitiré. No he olvidado la profecía de De Grät. Ahora, a trepar al fanal y a echar un vistazo para “ver lo que pueda ver”... Ver lo que pueda ver, en efecto..., no demasiado. Creo que la marea está bajando un poco, pero de todos modos la balandra tendrá un viaje de regreso turbulento. Difícilmente avistará la tierra del norte antes de mediodía de mañana, aunque sólo está a 190 o 200 millas.


2 de enero

He pasado el día en una especie de éxtasis casi imposible de describir. Mi pasión por la soledad no podía haber tenido mayor gratificación. No digo satisfacción, pues dudo que pudiera sentirme saciado de una dicha como la que he experimentado hoy... El viento amainó al alba y por la tarde el mar se había retirado... No se veía nada, ni siquiera con el telescopio, salvo océano, cielo y alguna que otra gaviota.


3 de enero

Calma chicha durante todo el día. Hacia el atardecer, el mar parecía de cristal. Avisté unas cuantas algas, pero absolutamente nada más en todo el día, ni siquiera el menor rastro de una nube... Me entretuve explorando el faro... Como compruebo a mi pesar cada vez que tengo que subir por sus interminables escaleras, es muy alto; casi cincuenta metros, diría yo, desde la marca inferior del nivel del agua hasta lo alto del fanal. Sin embargo, desde el fondo del foso debe de ser de al menos cincuenta y cinco metros, puesto que el suelo está a unos cinco metros por debajo de la superficie del mar, incluso con la marea baja... Creo que deberían haber rellenado el fondo hueco con mampuestos. En tal caso el edificio sería mucho más seguro..., pero, ¿en qué estoy pensando? Una estructura como esta es lo bastante segura en cualquier circunstancia. Debería sentirme a salvo incluso si arreciara el más furioso huracán. Sin embargo, he oído decir a los marineros que ocasionalmente, con viento del sudoeste, el mar ha subido más aquí que en cualquier otro punto del globo, con la sola excepción del paso occidental del Estrecho de Magallanes. Pero el mar por si solo no podría con este sólido muro roblonado en hierro que, a quince metros de la línea de aguas altas, tiene un espesor de al menos un metro veinte... La base sobre la cual descansa la estructura se me antoja tiza...




Edgar Allan Poe


domingo, 22 de septiembre de 2019

#481 El Holder del Universo

En cualquier ciudad, en cualquier país, ve a alguna institución mental o casa desolada en medio del camino, a la que puedas llegar por tus propios medios. Cuando llegues a la recepción pregunta por quien se llama a si mismo "El Portador del Universo", el hombre en el escritorio te mirará como si estuvieras loco (Lo que probablemente para este entonces es verdad) y pretenderá no saber de que estas hablando. Luego de unos minutos de examinarte comenzará a bajar por un pasillo, debes seguirlo.

Hacia el final del pasillo el te contará sobre su paciente, si lo hace relatará que el hombre mató a toda su familia: 5 niños, su esposa y sus dos perros. Te contará como el hombre ató primero a los niños y su mujer, luego tomó a los dos perros y les cortó la garganta para luego arrancarles toda la piel con los dientes. En este punto la familia estaba atónita por lo que "El Portador del Universo había hecho.
Entonces el se volvió hacia ellos cubierto en sangre, mientras miraba los ojos de su hija menor quien solo tenía 4 años en ese momento. La desató y la arrojó al suelo golpeándola hasta la muerte. El resto de la familia fue encontrada con reiterados disparos de escopeta en la cara por lo que no pudieron ser reconocidos. En ese punto ya deberían estar al final del pasillo.

"Bueno, aquí esta". Apuntará a una pesada puerta y te entregará una antigua llave antes de alejarse, cuando pongas la llave en la cerradura, la puerta se abrirá sola. En la habitación verás a un hombre común, sentado en una silla tras una mesa con otra silla a su lado, siéntate con el y salúdalo, aunque probablemente el lo hará primero. Es un hombre amigable que siempre sonríe.

Si tienes curiosidad puedes hacerle cualquier pregunta y el responderá del mismo modo que lo haría cualquier persona. Pero si le cuestionas: "¿Por qué sucedió esto? su rostro se volverá sombrío y verás las luces parpadear rápidamente. En ese instante las paredes estarán cubiertas de extraños escritos, algunos tallados en la pared y otros escritos con sangre. Ahora el hombre será viejo con sangre goteando de sus delgadas manos, el se pondrá de pie y arrojará la mesa al otro lado de la habitación, estrellándola con la pared y luego te lanzará la silla y te gritará la respuesta en un horrible idioma que jamás habías escuchado pero de todos modos entenderás. Cuando termine las luces volverán a parpadear y entonces todo estará igual que antes, el hombre se pondrá de pie y estrechará tu mano luego te entregará una cáscara de escopeta y te dirá con exactos, horribles y gráficos detalles y te dirá también para quién es el último disparo. Te advierto, el conocimiento que te entrega podría ser suficiente para volverte loco.



El último casquete de disparo es el objeto N°481 de 538. Sabrás cuando usarlo y debes hacerlo o toda esperanza estará perdida.

sábado, 21 de septiembre de 2019

Un Niño Especial

Había un niño débil, solitario y enfermo.

Un día estaba en el hospital por su revisión semanal, el quería ser como los demás así que le pregunto al doctor si podía ser como los otros niños, si podía jugar como los demás, este le dijo que él no era como los otros niños, que era especial, así que no debía esforzarse en ser como los otros.

El niño en vez de entristecerse se alegró de oír eso, pensó inocentemente, que si tenía alguna peculiaridad por sobre el resto, dejarían de verlo como alguien aislado y pasaría a ser visto como alguien interesante, por lo que podría llegar a hacer amigos. Aun así no sabía en qué podía ser especial, se cuestionaba que quería decir el médico con sus palabras por lo que busco, busco y busco, pero no pudo encontrar en que era especial. Paralelamente los otros niños se dieron cuenta de que el chico no se les acercaba a ellos y que tampoco tenía intenciones de hacerlo como siempre hacia, eso les molesto ya que estaban acostumbrados a rechazar las peticiones constantes del joven para divertirse con ellos, así que decidieron hacerle una broma para hacerle entrar en la realidad.

Estos aprovecharon el día de padres e hijos que se celebraba en un parque ubicado en los límites del pueblo, alejándose aquellos niños previamente citando al muchacho al mismo lugar para que jugara con ellos encendieron una fogata. Este contrario a lo que pensaban los otros chicos si quería ser visto como uno igual por estos, por lo que acepto dicha invitación, en cuanto llego guiado por el humo proveniente de las llamas le ordenaron que antes de que se uniera a su grupo debería de poner la mano al fuego y mantenerla un buen rato, ya que estos también lo habían hecho previamente para acceder a la pequeña cofradía.

El niño que ya estaba desistiendo en su búsqueda de eso que le hacía especial y a la vez dichoso de la proposición que le hicieron, ingenuamente puso su pequeña mano al fuego, este al instante puso una cara de asombro que hizo reír a los demás niños, mientras se reían ellos veían que, a pesar del tiempo transcurrido el seguía manteniendo su extremidad en las brasas, con una extraña expresión en su rostro, nerviosos o más bien asustados le decían que la sacara que ya no era gracioso, que ya lo habían aceptado, pero el niño seguía inerte, absorto en sus pensamientos.

Dentro de la mente del niño este no sentía calor, no sentía dolor, no sentía nada, nada excepto las carcajadas de los demás niños y por un segundo eso lo hizo reaccionar y contemplo como las llamas de la hoguera habían incrementado y alcanzado a los otros niños, estos lloraban, corrían y gritaban pidiendo ayuda, pero él enseguida bajo la vista hacia su mano, que estaba intacta, luego los niños se tendieron al suelo y dejaron de llorar, correr y gritar.

El niño entonces formo una curva con su boca, había encontrado eso que lo hacía especial.




Calificación: 

viernes, 20 de septiembre de 2019

#085 El Holder de la Tristeza

En cualquier ciudad, en cualquier país ve a alguna institución mental o casa desolada en medio del camino a la que puedas llegar por tus propios medios. Cuando llegues al escritorio pregunta por quien se hace llamar "El portador de la Tristeza", el trabajador se morderá el labio. Vacilante el te guiará a una rústica puerta de hierro oxidado abriéndola ante ti en completo silencio. Cuando estés adentro el trabajador cerrará lenta y silenciosamente.

Oirás muchos gritos de las almas torturadas a unos metros de tí, si en algún momento los gritos se detienen debes comenzar a gritar rápidamente desde el fondo de tus pulmones: "No siento lástima por ti". Si no comienzan a gritar nuevamente, espera una muerte rápida, es inútil correr; Pero si los gritos regresan debes continuar caminando hasta que una luz tenue se vea frente a tí, cuando esto ocurra inmediatamente debes detenerte y mirarla.


Te sentirás tentado a mirar las caras atormentadas que cuelgan de las paredes pidiendo tu ayuda. No respondas a sus llantos porque si apartas tus ojos de la luz tu mente se romperá al instante y en tu reflexión se saldrán tus ojos.

La luz mostrará a un hombre de pie frente a ti dándote la espalda, la presencia causara que los gritos a tu alrededor disminuyan y él solo responderá a una sola pregunta "¿Quién se salvará cuando se unan?". El se volteará para encontrarse con tu mirada y contestará la pregunta con detalles insoportables, no interrumpas su discurso ya que lo que pasaría si lo haces no podria describirse ni siquiera por el criminal más enfermo de la historia.

Cuando termine te entregará lo que parece ser una piedra ordinaria, mientras se aleja de ti el resplandor de la luz desaparecerá. Las palabras comenzarán a sonar en tu mente: "El que esté libre de pecado arrojará la primera piedra". Cierra tus ojos y cuenta hasta diez, cuando los abras estarás de pie frente al edificio inicial.



La piedra es el objeto 85 de 538. Solo se puede lanzar cuando todos se reúnan.

jueves, 19 de septiembre de 2019

El Árbol - H.P. Lovecraft

Título Original: The Tree
Autor: H. P. Lovecraft
Nacionalidad: EEUU
Año de publicación: Octubre, 1921

El Árbol


En una verde ladera del monte Menalo, en Arcadia, se halla un olivar en torno a las ruinas de una villa. Al lado se encuentra una tumba, antaño embellecida con las más sublimes esculturas, pero sumida ahora en la misma decadencia que la casa. A un extremo de la tumba, con sus peculiares raíces desplazando los bloques de mármol del Pentélico, mancillados por el tiempo, crece un olivo antinaturalmente grande y de figura curiosamente repulsiva; tanto se asemeja a la figura de un hombre deforme, o a un cadáver contorsionado por la muerte, que los lugareños temen pasar cerca en las noches en que la luna brilla débilmente a través de sus ramas retorcidas.

El monte Menalo es uno de los parajes predilectos del temible Pan, el de la multitud de extraños compañeros, y los sencillos pastores creen que el árbol debe tener alguna espantosa relación con esos salvajes silenos; pero un anciano abejero que vive en una cabaña de las cercanías me contó una historia diferente.

Hace muchos años, cuando la villa de la cuesta era nueva y resplandeciente, vivían en ella los escultores Calos y Musides. La belleza de su obra era alabada de Lidia a Neápolis, y nadie osaba considerar que uno sobrepasaba al otro en habilidad. El Hermes de Calos se alzaba en un marmóreo santuario de Corinto, y la Palas de Musides remataba una columna en Atenas, cerca del Partenón. Todos los hombres rendían homenaje a Calos y Musides, y se asombraban de que ninguna sombra de envidia artística enfriara el calor de su amistad fraternal.

Pero aunque Calos y Musides estaban en perfecta armonía, sus formas de ser no eran iguales. Mientras que Musides gozaba las noches entre los placeres urbanos de Tegea, Calos prefería quedarse en casa; permaneciendo fuera de la vista de sus esclavos al fresco amparo del olivar. Allí meditaba sobre las visiones que colmaban su mente, y allí concebía las formas de belleza que posteriormente inmortalizaría en mármol casi vivo. Los ociosos, por supuesto, comentaban que Calos se comunicaba con los espíritus de la arboleda, y que sus estatuas no eran sino imágenes de los faunos y las dríadas con los que se codeaba… ya que jamás llevaba a cabo sus trabajos partiendo de modelos vivos.

Tan famosos eran Calos y Musides que a nadie le extrañó que el tirano de Siracusa despachara enviados para hablarles acerca de la costosa estatua de Tycho que planeaba erigir en su ciudad. De gran tamaño y factura sin par había de ser la estatua, ya que habría de servir de maravilla a las naciones y convertirse en una meta para los viajeros. Honrado más allá de cualquier pensamiento resultaría aquel cuyo trabajo fuese elegido, y Calos y Musides estaban invitados a competir por tal distinción. Su amor fraterno era de sobra conocido, y el astuto tirano conjeturaba que, en vez de ocultarse sus obras, se prestarían mutua ayuda y consejo; así que tal apoyo produciría dos imágenes de belleza sin par, cuya hermosura eclipsaría incluso los sueños de los poetas.

Los escultores aceptaron complacidos el encargo del tirano, así que en los días siguientes sus esclavos pudieron oír el incesante picoteo de los cinceles. Calos y Musides no se ocultaron sus trabajos, aun cuando se reservaron su visión para ellos dos solos. A excepción de los suyos, ningún ojo pudo contemplar las dos figuras divinas liberadas mediante golpes expertos de los bloques en bruto que las aprisionaban desde los comienzos del mundo.

De noche, al igual que antes, Musides frecuentaba los salones de banquetes de Tegea, mientras Calos rondaba a solas por el olivar. Pero, según pasaba el tiempo, la gente advirtió cierta falta de alegría en el antes radiante Musides. Era extraña, comentaban entre sí, que esa depresión hubiera hecho presa en quien tenía tantas posibilidades de alcanzar los más altos honores artísticos. Muchos meses pasaron, pero en el semblante apagado de Musides no se leía sino una fuerte tensión que debía estar provocada por la situación.

Entonces Musides habló un día sobre la enfermedad de Calos, tras lo cual nadie volvió a asombrarse ante su tristeza, ya que el apego entre ambos escultores era de sobra conocido como profundo y sagrado. Por tanto, muchos acudieron a visitar a Calos, advirtiendo en efecto la palidez de su rostro, aunque había en él una felicidad serena que hacía su mirada más mágica que la de Musides… quien se hallaba claramente absorto en la ansiedad, y que apartaba a los esclavos en su interés por alimentar y cuidar al amigo con sus propias manos. Ocultas tras pesados cortinajes se encontraban las dos figuras inacabadas de Tycho, últimamente apenas tocadas por el convaleciente y su fiel enfermero.

Según desmejoraba inexplicablemente, más y más, a pesar de las atenciones de los perplejos médicos y las de su inquebrantable amigo, Calos pedía con frecuencia que le llevaran a la tan amada arboleda. Allí rogaba que lo dejasen solo, ya que deseaba conversar con seres invisibles. Musides accedía invariablemente a tales deseos, aunque con lágrimas en los ojos al pensar que Calos prestaba más atención a faunos y dríadas que a él. Al cabo, el fin estuvo cerca y Calos hablaba de cosas del más allá. Musides, llorando, le prometió un sepulcro aún más hermoso que la tumba de Mausolo, pero Calos le pidió que no hablara más sobre glorias de mármol. Tan sólo un deseo se albergaba en el pensamiento del moribundo: que unas ramitas de ciertos olivos de la arboleda fueran depositadas enterradas en su sepultura… junto a su cabeza. Y una noche, sentado a solas en la oscuridad del olivar, Calos murió.

Hermoso más allá de cualquier descripción resultaba el sepulcro de mármol que el afligido Musides cinceló para su amigo bienamado. Nadie sino el mismo Calos hubiera podido obrar tales bajorrelieves, en donde se mostraban los esplendores del Eliseo. Tampoco descuidó Musides el enterrar junto a la cabeza de Calos las ramas de olivo de la arboleda.

Cuando los primeros dolores de la pena cedieron ante la resignación, Musides trabajó con diligencia en su figura de Tycho. Todo el honor le pertenecía ahora, ya que el tirano no quería sino su obra o la de Calos. Su esfuerzo dio cauce a sus emociones y trabajaba más duro cada día, privándose de los placeres que una vez degustaría. Mientras tanto, sus tardes transcurrían junto a la tumba de su amigo, donde un olivo joven había brotado cerca de la cabeza del yaciente. Tan rápido fue el crecimiento de este árbol, y tan extraña era su forma, que cuantos lo contemplaban prorrumpían en exclamaciones de sorpresa, y Musides parecía encontrarse a un tiempo fascinado y repelido por él.

A los tres años de la muerte de Calos, Musides envió un mensajero al tirano, y se comentó en el ágora de Tegea que la tremenda estatua estaba concluida. Para entonces, el árbol de la tumba había alcanzado asombrosas proporciones, sobrepasando al resto de los de su clase, y extendiendo una rama singularmente pesada sobre la estancia en la que Musides trabajaba. Mientras, muchos visitantes acudían a contemplar el árbol prodigioso, así como para admirar el arte del escultor, por lo que Musides casi nunca se hallaba a solas. Pero a él no le importaba esa multitud de invitados; antes bien, parecía temer el quedarse a solas ahora que su absorbente trabajo había tocado a su fin. El poco alentador viento de la montaña, suspirando a través del olivar y el árbol de la tumba, evocaba de forma extraña sonidos vagamente articulados.

El cielo estaba oscuro la tarde en que los emisarios del tirano llegaron a Tegea. De sobra era sabido que llegaban para hacerse cargo de la gran imagen de Tycho y para rendir honores imperecederos a Musides, por los que los próxenos les brindaron un recibimiento sumamente caluroso. Al caer la noche se desató una violenta ventolera sobre la cima del Menalo, y los hombres de la lejana Siracusa se alegraron de poder descansar a gusto en la ciudad. Hablaron acerca de su ilustrado tirano, y del esplendor de su ciudad, refocilándose en la gloria de la estatua que Musides había cincelado para él.

Y entonces los hombres de Tegea hablaron acerca de la bondad de Musides, y de su hondo penar por su amigo, así como de que ni aun los inminentes laureles del arte podrían consolarlo de la ausencia del Calos, que podría haberlos ceñido en su lugar. También hablaron sobre el árbol que crecía en la tumba, junto a la cabeza de Calos. El viento aullaba aún más horriblemente, y tanto los siracusanos como los arcadios elevaron sus preces a Eolo.

A la luz del día, los próxenos guiaron a los mensajeros del tirano cuesta arriba hasta la casa del escultor, pero el viento nocturno había realizado extrañas hazañas. El griterío de los esclavos se alzaba en una escena de desolación, y en el olivar ya no se levantaban las resplandecientes columnatas de aquel amplio salón donde Musides soñara y trabajara. Solitarios y estremecidos penaban los patios humildes y las tapias, ya que sobre el suntuoso peristilo mayor se había desplomado la pesada rama que sobresalía del extraño árbol nuevo, reduciendo, de una forma curiosamente completa, aquel poema en mármol a un montón de ruinas espantosas.

Extranjeros y tegeanos quedaron pasmados, contemplando la catástrofe causada por el grande, el siniestro árbol cuyo aspecto resultaba tan extrañamente humano y cuyas raíces alcanzaban de forma tan peculiar el esculpido sepulcro de Calos. Y su miedo y desmayo aumentó al buscar entre el derruido aposento, ya que del noble Musides y de su imagen de Tycho maravillosamente cincelada no pudo hallarse resto alguno. Entre aquellas formidables ruinas no moraba sino el caos, y los representantes de ambas ciudades se vieron decepcionados; los siracusanos porque no tuvieron estatua que llevar a casa; los tegeanos porque carecían de artista al que conceder los laureles.

No obstante, los siracusanos obtuvieron una espléndida estatua en Atenas, y los tegeanos se consolaron erigiendo en el ágora un templo de mármol que conmemoraba los talentos, las virtudes y el amor fraternal de Musides.

Pero el olivar aún está ahí, así como el árbol que nace en la tumba de Calos, y el anciano abejero me contó que a veces las ramas susurran entre sí en las noches ventosas, diciéndose una y otra vez: ¡Oιδά! ¡Oιδά!. ¡Yo sé! ¡Yo sé!




Howard Phillips Lovecraft




miércoles, 18 de septiembre de 2019

Tzimisce

Como todos los clanes, los Tzimisce remontan sus orígenes a Enoch, la ciudad que Caín, el Primer Vampiro, construyó. Para aliviar su soledad Abrazó a tres chiquillos, que a su vez se convirtieron en los progenitores de la Tercera Generación de los Vástagos, mejor conocida como los Antediluvianos. Contrariamente a los rumores extendidos por otros clanes, y entre los jóvenes Tzimisce, el Antediluviano del clan de los Demonios no nació en las agrestes tierras de los Cárpatos, sino en Mesopotamia. Como ocurre con los Antediluvianos, el nombre del Progenitor se desconoce y la palabra Tzimisce es sencillamente un nombre conveniente surgido de las nieblas medievales, que significa “La Bestia” o “El Monstruo”, provocado por el temor y la desconfianza de otros vampiros hacia sus extraños congéneres. Monstruos, Demonios, Engendros son apodos frecuentes para los vampiros del Clan, de los cuales muchos miembros se regocijan. Sin embargo, en los primeros tiempos, eran conocidos mediante otros epítetos menos despectivos, como “Escultores” y “Dragones”.

De hecho aún en nuestros días, algunos antiguos orgullosos de su linaje prefieren utilizar el nombre de “Dracul”, que puede interpretarse indistintamente como Dragón o Demonio. Para los Tzimisce, el Dragón en sus diversas formas constituye un símbolo del cambio que tanto aprecian, no tanto por su apariencia sino por su potencial. De todos los Vástagos son sin duda el linaje que mayor influencia ha ejercido sobre la definición de la figura del vampiro: strigoi, moroii, varcolaci, pricolici, oper, vidme, diavoloace y muchos nombres más han sido adoptados por el folclore mortal para describir las depredaciones de los terribles descendientes de Tzimisce. En las leyendas del clan el progenitor Tzimisce recibe a menudo el nombre de El Mayor o el Mas Viejo, para indicar su ascendencia sobre sus descendientes. Sin embargo, algunos eruditos consideran que tal vez podría referirse a que Tzimisce fue Abrazado a una edad muy avanzada, siendo en los cómputos mortales el mayor de los Antediluvianos. Según la mayoría de las fuentes de los historiadores Tzimisce, el progenitor fue Abrazado por Enosh o Ynosh el Sabio, que por aquella época buscaba un medio de liberarse de las caóticas impurezas que creía asociadas a la Bestia de los vampiros y a su frenesí. Si conseguía purificarse, el dominio de la Bestia sobre su alma se debilitaría e incluso podría llegar a desaparecer. Mediante su fuerza de voluntad y un gran esfuerzo Ynosh extrajo las cualidades más caóticas y primordiales de su cuerpo y las escupió en un recipiente mortal, Tzimisce, que por entonces era un mago, vidente y oráculo de cierta reputación. Se desconoce si Tzimisce fue Abrazado por la fuerza o si se sometió al Abrazo voluntariamente. En cualquier caso parece que Ynosh creía que su chiquillo no sobreviviría y que su esencia maldita lo consumiría por completo.

Sin embargo, para su sorpresa, Tzimisce no sólo consiguió sobrevivir sin convertirse en un terrible monstruo, al menos no visiblemente, y el nuevo vampiro no mostraba mayor degeneración ni ferocidad que sus hermanos. Se dice que en un acto de compasión Ynosh permitió vivir a su nuevo chiquillo, pero no es descartable la posibilidad de que tal vez el hijo de Caín hubiera previsto el resultado de su “experimento”. Es posible que los poderes mágicos de Tzimisce le hubieran ayudado a sobrellevar la transformación que previsiblemente iba a causar su destrucción. La mezcla del Don de Caín con el suyo propio le proporcionó una nueva visión y el deseo de Trascender su estado. Pero el experimento de Ynosh también tuvo otra consecuencia inesperada: proporcionó a Tzimisce una naturaleza fluida y el poder de controlar la carne como si fuera arcilla viviente - con un enorme potencial que le daría el sobrenombre de Escultor. El Más Viejo fue uno de los primeros Antediluvianos, aunque a menudo permaneció apartado de sus hermanos, que lo consideraban “extraño”. Algunos incluso murmuraron contra él y sus poderes de hechicero y afirmaron que había pactado con demonios. Pero Tzimisce se despreocupó, concentrado en sus propios estudios y conocimientos y vio lo que el Destino tenía deparado para los vampiros. Los mortales prosperaban y aumentaban en número, mientras que los vampiros se estancaban o degeneraban. Finalmente los mortales gobernarían, obligando a los Cainitas a ocultarse en las sombras.

Era inevitable. Asimismo, con el paso del tiempo, Tzimisce percibió que su sed de sangre aumentaba y la esencia de bestias y mortales ya no saciaba sus apetitos como antes, demandando más y más, y el ansia parecía aumentar década tras década. Finalmente la sangre de los mortales ya no podría sustentarla, y tendría que recurrir a la vitae de los vampiros y si transcurrieran suficientes eones podría incluso llegar a perecer. Con estos pensamientos en mente, el Más Viejo pasó los años meditando en reclusión, cambiando y adaptando formas mortales y legendarias, buscando una forma de liberarse de su sed maldita. Estudió la antigua hechicería, esperando encontrar respuestas pero no conseguía dominar las necesidades de la Bestia, porque aunque podía cambiar de forma no podía cambiar su esencia: la adaptación de los mortales le estaba vedada en su nuevo estado. La búsqueda de Tzimisce lo llevó a distanciarse cada vez más de sus hermanos y hermanas, que sentían cierto temor hacia él, viendo como ignoraba por completo a los mortales que eran simple ganado para su sustento y como podía utilizar la carne, el hueso y las entrañas como el hilo de un telar. En algunas leyendas se cuenta que sus hermanos se aterrorizaron cuando se enfrentó a Nosferatu el vanidoso y retorció su belleza es una tosca parodia que transmitiría a sus descendientes. Otras leyendas dicen que fue Tzimisce quien dio a Arikel su belleza ultraterrenal, pero comúnmente está aceptado que fue Caín quien maldijo a todos los clanes, aunque los Tzimisce consideran al Primer Vampiro inferior al Más Viejo.


#035 El Holder del Miedo

En cualquier ciudad, en cualquier país ve a cualquier institución mental o casa desolada en medio del camino a la que puedas llegar por tus propios medios, cuando llegues al mostrador pregunta por quien se hace llamar "El Portador del Miedo". Si es el momento adecuado el asistente te guiará hacia un clóset sin suelo donde, con una sonrisa maliciosa, te empujará al vacío cerrando la puerta.

Mientras caes por el abismo no sentirás miedo, si lo haces golpearás el piso inmediatamente y te encontrarás con una muerte espantosa. Si permaneces resuelto, tu caída se volverá cada vez más lenta, dejándote en una oscura habitación en la cual solo debes hablar para hacer una pregunta: "¿Cuál es su arma?".

Inmediatamente la habitación se iluminará, rodeándote estará todo aquello que temes y en el centro verás a una criatura que te causara el mayor temor, No debes encogerte ni alejarte de esa criatura o te desmembrará de la forma más dolorosa posible.

Deberás mirar fijamente a tu mayor temor mientras el te cuenta una historia con un detalle insoportable, te contará todos los miedos del mundo desde los más pequeños a los más grandiosos en todo su horror. Ahora puedes confesarle todos tus miedos a la criatura sin mirar alrededor de la habitación, si te pierdes incluso uno serás consumido por tu propio terror, sin dejar nada más que un cáscara vacía.

Si confesas todos tus temores la criatura gritará y éste grito te enviará a través de la pared detrás de ti. Cuando dejes de moverte verás el clóset de antes y en él habrá un espejo.


Ese espejo es el objeto 35 de 583. Refleja tu miedo mpas grande y esa es su arma.

martes, 17 de septiembre de 2019

El Ser en el Umbral - H.P. Lovecraft

Título Original: The thing on the Doorstep
Autor: Howard Phillip Lovecraft
Nacionalidad: EEUU
Año de publicación: Enero, 1937


El ser en el umbral.


Admito que he disparado seis balas la cabeza de mi mejor amigo. Ahora bien, pese a esta confesión, me propongo demostrar que no puedo considerarme un asesino. Muchos dirán que estoy loco tal vez bastante más loco que el hombre a quien di muerte en una de las celdas del manicomio de Arkham. Confió en que mis lectores juzguen los elementos que iré relatando, los contrapongan con las evidencias conocidas y lleguen a preguntarse si alguien podría haber tenido una conducta distinta a la mía frente a un horror como el que debí experimentar, ante aquel ser en el umbral. Hasta cierto momento, muy al comienzo, no alcancé a ver más que locura en las singulares historias que paulatinamente me fueron envolviendo.

Aún hoy me pregunto si mi percepción era la correcta o si, a pesar de mi convicción, también yo no estaré extraviado en la demencia. No puedo saberlo a ciencia cierta; sin embargo existen otros que pueden contar, sí quieren, cosas muy extrañas acerca de Edward y Asenath Derby. Ni siquiera los pragmáticos policías saben cómo explicar aquella visita final cuya memoria tratan de abandonar. Rutinariamente han elaborado la endeble teoría de un terrible escarnio o venganza de unos criados despedidos, pero aun ellos saben en su fuero íntimo que la verdad es más más vasta, terrible y casi increíble. Como decía, afirmo que no soy el asesino de Edward Derby. Por el contrario: he sido un vengador y con mi acto ahorré al mundo un horror que, si sobreviviera, podría haber causado una insospechable devastación en toda la humanidad. Junto a nuestros rutinarios senderos cotidianos existen regiones de sombras; de tanto en tanto algún alma maligna avanza desde ellos hacia nosotros. Si alguien advierte esa incursión tiene la obligación moral de aniquilarla sin piedad sí no quiere exponerse a pagar un inmenso y terrible precio.

Edward Pickman Derby era alguien a quien conocía de toda la vida. Si bien ocho años menor que yo, lo cierto era que cuando yo tenía dieciséis, ya manteníamos muchos intereses en común. Nunca he conocido a un estudiante más genial que él: a los siete era ya un consumado poeta de versos lóbregos, fantásticos, morbosos, que causaban el asombro de sus preceptores. Tal vez la razón de su precocidad deba buscarse en la esmerada educación privada que recibió desde muy temprano y en los excesivos mimos que colmaron su existencia. Fue hijo único, con fragilidades físicas que fueron desvelo de sus amantísimos padres, quienes no dejaban que en ningún momento estuviera fuera del alcance de la vista y de sus excedidos cuidados. Nunca nadie lo vio fuera de su casa sin estar flanqueado por su niñera y podría decirse que jamás llegó a jugar libremente con los demás niños. Todos estos factores operaron sin duda alguna forjando en el joven Derby una vida interior peculiar, reservada, reprimida, con una sola vía de escape: la imaginación.

Consecuentemente, sus estudios lo revelaron como un joven sorprendente, de noble capacidad, y su pasión por escribir me maravilló desde un comienzo, pese a que lo aventajaba en casi diez años. Por esa época yo mismo estaba atraído por singulares inclinaciones artísticas hacía lo grotesco, característica que me hizo encontrar en aquel joven un espíritu gemelo. Compartíamos un mismo entusiasmo por lo tenebroso y lo fantástico, pasión que descargábamos inicialmente en la antigua, decrépita y ciertamente amenazante ciudad en la que ambos vivíamos: la encantada y mágica Arkham, cuyos arracimados y desvencijados tejados de tipo holandés y desgastadas balaustradas georginas desgranaban el paso del tiempo junto a las márgenes de las sibilantes y negras aguas del río Miskatonic.

Con el correr del tiempo, terminé por decidirme a seguir estudios de arquitectura y archivé el proyecto de ilustrar un libro con los siniestros poemas de Edward, sin que ese renunciamiento significara la menor mella para nuestra amistad. El exuberante talento del joven Derby continuó manifestándose con el mismo brillo de sus primeros tiempos y apenas cumplidos los dieciocho años, una recopilación de sus oníricos poemas, titulada Azathoth and Others Horrors, provocó una encrespada reacción entre la crítica. Por entonces mantenía una estrecha correspondencia con el famoso poeta baudelairiano Justín Geoffrey. el autor de The People of the Monolith, el mismo que murió en medio de alaridos en 1926 en un manicomio, tras visitar un ominoso poblado de Hungría cuya memoria es mejor no conservar.

Sin embargo, en materia de autoestima y resolución de cuestiones prácticas, la mimada existencia a que había sido acostumbrado convertía a Edward en un verdadero desastre. Al cabo del tiempo, su salud fue mejorando; todo lo contrario ocurrió con sus costumbres de dependencia infantil inculcadas por padres extraordinariamente sobreprotectores. Era natural entonces que de mayor mostrara una exasperante incapacidad para cuestiones tales como viajar solo, tomar decisiones o asumir responsabilidades. Rápidamente advirtió que sin duda su futuro no estaba en el campo de los negocios o en el profesional. Pero ni él ni la familia se preocuparon demasiado puesto que el patrimonio familiar era lo suficientemente cuantioso como para demorarse siquiera en estas preocupaciones. En plena madurez conservaba el mismo aspecto de rozagante y engañosa juventud de sus tiempos de estudiante.

Rubio, de ojos azules, con el cutis de un niño; sólo después de muchos sacrificios lograba que los demás reparasen en sus intentos de dejarse el bigote. Su voz era suave y nítida; la tranquila vida que llevaba le permitía conservar un saludable y estilizado aspecto juvenil desestimando ‘la proverbial panza que delataba casi siempre una madurez prematura. Tenía una estatura conveniente y sus hermosas facciones le habrían permitido ser un cotizado galán sí su timidez no hubiese representado una infranqueable barrera para tales frivolidades que en él siempre eran conjuradas con una prudente reclusión en el mundo de los libros.

Sus padres lo llevaban a Europa todos los veranos, por lo que no demoró demasiado en captar con perspicacia los rasgos más nítidos del pensamiento y la expresión artística del viejo continente. Paralelamente, su talento, de extracción claramente asociable a Poe, fue degradándose mientras Otros fantasmas e inclinaciones artísticas iban naciendo en él. Era el tiempo en que nos sumíamos en interminables discusiones. Por entonces yo ya había conseguido licenciarme en Harvard, había trabajado en un estudio de arquitecto en Boston, había contraído enlace y había regresado a Arkham a ejercer la profesión.

Me había instalado en la casa familiar de Saltonstalí Street, ya que mi padre decidió trasladarse a Florida debido a su salud. Todas las tardes recibía la visita de Edward, con lo que en poco tiempo fue considerado como un familiar más de la casa. Era inconfundible su manera de tocar el timbre o de golpear en el llamador, características que con el tiempo acabaron convirtiéndose en contraseña. Así, todos nos preparábamos después de la cena para escuchar los tres golpes secos que, luego de una pausa, eran acompañados de otros igualmente secos. La frecuencia con que yo iba a su casa era mucho menor, donde me entretenía en admirar los antiguos volúmenes que con ritmo sostenido acrecentaba su biblioteca.

Derby obtuvo su licenciatura en la Universidad de Miskatonic; era natural que así fuese ya que sus padres no le habrían dejado vivir por nada del mundo fuera del alcance de sus cuidados personales. Llegó a la Universidad a los dieciséis años y tres años después ya era licenciado en literatura francesa e inglesa, con las mejores notas en todas las materias, excepto en matemáticas y ciencias. Hizo escasas y nulas amistades con los demás estudiantes, por más que fue perceptible una cierta admiración por ese grupo de jóvenes a los que cabria denominar audaces, bohemios, vanguardistas, cuyas costumbres iconoclastas, lenguaje ingenioso y poses irritantes le habría gustado imitar. El tránsito por esas regiones literarias lo empujó hacia los rincones esotéricos y mágicos, saberes sobre los que la biblioteca de Miskatoníc contaba, y aún cuenta, con volúmenes de una riqueza que la han hecho justamente famosa.

Se convirtió en un voraz especialista en estos temas. A espaldas de sus padres, se entregaba a consumir cosas tales como el horrible, Book of Echínoderm, el Unaussprechlichen Kulten de von Junzt y el ancestral Necronomicón del enajenado árabe Abdul Alhazred. Edward contaba con veinte años cuando nació mi primer y único hijo, y pareció muy complacido al saber que le pondría de nombre Edward Derby Upton como homenaje a él. Cumplidos los veinticinco años, Edward era hombre afamado por su inmensa cultura, poeta y narrador de relatos muy conocidos entre el público, pero no obstante en su obra aparecía con claridad la carencia de relaciones humanas y el exceso de formación puramente libresca que aquejaba a su autor.

Sin duda, yo era su amigo más cercano. El me proporcionaba una cantera inagotable de tópicos teóricos. Por su parte, él buscaba mí opinión sobre los temas que no quería consultar con sus padres. Continuaba soltero, aunque cabe señalar que más por timidez, negligencia y sobreprotección paterna que por genuina opción al celibato. Al desatarse la guerra, su mala salud y los rasgos más ostensibles de su personalidad determinaron que se quedara en casa. Mi destino inicial fue Plattsburg, aunque en los hechos nunca llegué a cruzar el Atlántico.

Así transcurrió el tiempo. Cuando Edward tenía treinta y cuatro años, falleció su madre, hecho que lo sumió en una suerte de bloqueo psicológico que le produjo una inactividad total. Su padre se lo llevó de nuevo a Europa, donde logró reponerse de la enfermedad en forma aparentemente total. Poco después se sintió asaltado por una extraña euforia, como si se hubiera liberado de un opresivo cautiverio. Fueron los tiempos en que se le veía siempre junto al grupo de estudiantes a los que se consideraba vanguardistas y tomó parte en ciertos actos de gran turbulencia. Cierta vez fue objeto de un chantaje y debió pagar —con dinero que le presté yo— una crecida suma para que alguien no contara al padre su intervención en un asunto por cierto turbio. Los rumores que circulaban sobre la violenta banda de Miskatonic eran realmente alarmantes. Se llegó a hablar de magia negra y de ejecución de actos que estaban más allá de todo lo sensatamente creíble.

lunes, 16 de septiembre de 2019

Banshee

Nombre: Banshee, Ban Side (Mujer del montículo, Irlandés), Plañidera
Origen: Mitología Irlandesa
Fecha: Época Celta
Temperamento: Pasivo
Tamaño: Mediano
Raza: Fantasma





Antecedentes:

Una Banshee es un espíritu femenino de la mitología irlandesa, ella aparece ante las personas con el fin de presagiar la muerte de el mismo o de un familiar, ella grita y se lamenta fuertemente anunciando la desgracia, pero solo el afectado puede escuchar sus llantos.

Se suele describir utilizando un vestido verde o rojo, con una larga cabellera despeinada (que puede ser roja o naranja, aunque en tiempos medievales se contaba que era de color amarillo y brillaba como el fuego salvaje). Lo más común es toparse con ella en forma de una anciana, aunque también puede aparecer como una bella joven.

Suele predecir la muerte, ya que si alguien se adentraba en una situación peligrosa la banshee advertiría a los presentes gritando un lamento, por lo que también se le conoce como "Plañidera".

Es también una creencia local que las banshees solo se lamentan ante los descendientes irlandeses, la mayoría con quienes tienen apellido O'o Mac, incluso algunos relatos afirman que cada familia poseía su propia Banshee. Cuando aparecían muchas al mismo tiempo, indicaban la muerte de alguien muy importante o un santo. 
Se cree que las Banshees son espectros de mujeres asesinadas o de una madre que murió durante el parto.

Se cree que la banshee Ua Briain es llamada Aibell y es la líder de otras 25 banshees que siempre estarían junto a ella. Es posible que esta historia particular es la fuente de la idea de que el lamento de múltiples banshees significaría la muerte de alguien importante. La mayoría, si no todos, de los apellidos asociados con las banshees tienen el prefijo Ó o Mc/Mac, es decir, apellidos de origen goidélico, indicando un familiar nativo de las tierras insulares celtas en vez de aquellos invasores nórdicos, ingleses o normandos. Los relatos alcanzan hasta el 1380 a las publicaciones del Cathreim Thoirdhealbhaigh (Triunfos de Torlough) por Sean mac Craith. Las menciones de banshees también pueden encontrarse en la literatura normanda contemporanea.

En algunas zonas de Leinster, es conocida como bean chaointe ("plañidera"), cuyo llanto puede ser tan perforante que puede romper el cristal. En el folclore escocés, una criatura similar es conocida como bean nighe o ban nigheachain (lavanderita) o nigheag na h-àth (lavanderita del fiordo), viéndosela lavando ropas o armaduras manchadas en sangre de aquellos que iban a morir. En el folclore galés, hay una criatura similar conocida la bruja de la neblina.

Las Banshees tienen aspecto variado. Puede variar de una mujer hermosa con el pelo pelirrojo a una vieja envuelta en un sudario. Cuando oyes a una Banshee gritar, quiere decir que tú o un ser querido morirá pronto. Las Banshees solían servir a las antiguas familias irlandesas, y que solo gritaban o se te aparecían si alguien de tu familia moría. También existió una banshee muy famosa, llamada Aibhill, resulta que se le apareció al rey Brian Boru (la víspera del día en el que íria una guerra) lavándole la ropa de sus soldados con sangre. Por eso, el rey Brian Boru supo que moriría en esa guerra.




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domingo, 15 de septiembre de 2019

El Grito de Mamá

Era una noche oscura y fría, sin luna, sin viento, profundamente tenebrosa, en un pequeño pueblo marítimo del sur de Inglaterra. La pequeña Alice vivía con su madre Joan, solo se tenían la una a la otra. Su padre, a quien no recordaba en absoluto, hacía mucho tiempo que había desaparecido, más atraído por las faldas de otras mujeres que por las de su propia esposa. Nunca había regresado.

Mientras mamá preparaba la cena, Alice se dedicaba a peinar a sus muñecas. Era un juego que le encantaba, tenía muñecas de todos los tamaños y de todas las formas, princesas, chicas fashion, modelos… todas eran encantadoras. La niña las peinaba con detenimiento mientras en el piso de abajo su madre preparaba unas patatas fritas. Le gustaba tener siempre la tele encendida, porque decía que le daba compañía mientras la pequeñita jugaba a solas.

De repente, hubo un fugaz apagón, la bombilla de la habitación de Alice se apagó durante dos segundos y recobró su fuerza luminosa al instante. Abajo, la televisión dejó de funcionar: la luz regresó, pero no se oyó ningún ruido. La pequeña esperó unos segundos más y escuchó cómo un vaso se estrellaba contra el suelo. Se levantó de repente y preguntó:

¿Mamá? ¿Estás bien, mami?

Esperó de nuevo un par de segundos más. Nada. Silencio absoluto.

Cuando Alice se dispuso a bajar oyó el grito desgarrador de su mamá. Se quedó totalmente congelada. Su madre, la fuerte mamá protectora, gritaba de auténtico terror. Antes de que pudiera reaccionar oyó de nuevo su grito.

-¡Alice, baja deprisa! ¡Alice, ayúdame por favor! ¡Alice!

Ante la llamada de auxilio de su madre, la niña corrió escaleras abajo. Pero todo estaba a oscuras, la luz no había vuelto como en el piso superior. Mamá debía estar en la cocina y se dispuso a caminar hacia allí cuando, de repente, una mano le tapó la boca y un brazo cogió su cuerpo, arrastrándolo al armario del descansillo, donde se cerró la puerta.

En la cocina, el grito se repetía:

-¡Alice, baja deprisa! ¡Alice, ayúdame por favor! ¡Alice!

Pero Alice ya no estaba preocupada por mamá. Porque ahora estaba con ella. Se giró y vio la cara de su madre preocupada, señalando con el dedo índice sobre los labios para que mantuviera silencio.





Calificación: 

sábado, 14 de septiembre de 2019

Aquí

Hola, sé que no hago muchas cosas como esta, pero aquí estoy, haciendo esto para aquella persona, quién esté leyendo esto entenderá porqué lo hago. Mi nombre es Todd, y esta es mi historia:

En vacaciones de verano, toda mi familia se iba a un bosque cerca de nuestra ciudad, en donde habían varias cabañas a lado de un lago en donde la gente se quedaba por algunos días. En fin, a mí, con 17 años, no me gustaba ir con mi familia porque era aburrido y siempre daba una excusa para no ir, pero mi madre insistía en que los acompañe y la pasara bien, así que acepté porque mis amigos se iban a ir a otro lugar, así que no había mucho más que hacer.

Por fin llegó el gran día de irse, llegamos más tarde de lo previsto, lo que hizo que la única cabaña que quedara disponible fuera la más lejana a las demás. A muchos visitantes no les gustaba, ya que por esa zona aparecían muchos animales peligrosos como osos, lobos, arañas, entre otros. Ya que no había otra opción, elegimos esa cabaña; era linda, con chimenea y 5 habitaciones para mi padre, mi madre, mi hermano mayor, mi tío y mi tía, solo sobró una habitación. Yo soy muy callado, pero me gusta divertirme y, para eliminar el aburrimiento, decidí ir al lago. Caminé hacia éste, pero algo andaba mal, sentía varias miradas puestas en mí aunque no me importo, seguí caminando por el bosque escuchando el ruido de las hojas siendo pisadas.

La verdad es que esos ruidos me asustaban, mi miedo creció cuando un agudo sonido se escuchó cerca de los árboles en donde estaba, corrí hacia el lago, el ruido se acercaba más y más a donde yo estaba, no sabía lo que era, el camino ya había acabado pero el ruido se había ido.

Al regresar a la cabaña con mi familia, estaba pálido, mi piel estaba fría y mi boca seca. Mi padre, con quien no me llevaba muy bien, me abrió la puerta y me dejó entrar, cenamos más tarde y todos fuimos a dormir. En la madrugada desperté a tomar un vaso de agua. Iba por toda la casa caminando sin hacer ruido, cuando mi respiración se volvió más rápida, mi corazón empezó a palpitar más rápido, mi piel se puso pálida y me quedé inmóvil al ver a una cosa parada viéndome entre dos árboles torcidos y con pocas hojas arrancadas, esa cosa emitió el mismo ruido agudo que había escuchado mientras caminaba hacia el lago. ¿Que era esa cosa? No lo sabía, camine despacio hacia atrás, y para mi mala suerte tropecé, esa cosa camino hacia la ventana y me miró fijamente. Tenía cinco ojos, cinco malditos ojos que se fijaban cada uno en mí. Corrí hacia mi habitación y la cerré con llave.

A la mañana siguiente, desperté cansado, hubiera querido que todo lo que pasó anoche hubiera sido un sueño, pero no. Recorro los pasillos mirando al piso y pensando en múltiples cosas, cuando de repente, se escucha un grito, asustado me escondí, después de unos minutos busque a mí familia pero, ya no estaba, nadie estaba en la cabaña.

Escuché el mismo ruido que escuché camino al lago.

Esa cosa estaba dentro de la cabaña... ¡estaba dentro! Esa criatura me atacó, sus manos tenían dedos fríos y grises, sus ojos cinco ojos eran blancos, su aliento era repugnante y no tenía pelo, saltó hacia atrás y yo me levanté lo más rápido que pude y fui a mi habitación, mi corazón vuelve a palpitar más rápido, me quedo sin aliento, no sé que hacer. Tengo miedo, no quiero morir, él me sigue esperando, comiéndose a la gente que viene a esta cabaña.

Aquí me quedare, llevo 4 días sin comer y sin beber agua, me siento mal, esa cosa intenta entrar, nunca saldré de aquí, tendrá que esperar para matarme... Aquí




Calificación: 

viernes, 13 de septiembre de 2019

Gusano de Lambton


Localización: Inglaterra
Origen: Críptido Aquatico
Aspecto: Vípero
Temperamento: Desconocido
Tamaño: Colosal
Primer Reporte: 1200-1300 d. C.

Población: Desconocida










Información

El gusano Lambton es una leyenda del noreste de Inglaterra en el Reino Unido. La historia tiene lugar alrededor del River Wear, y es una de las piezas de folklore más famosas de la zona, ya que ha sido adaptada de la tradición escrita y oral a formatos de pantomima y canción.

La historia dice que el joven John Lambton era un personaje rebelde que perdió sus deberes de ir a pescar al río Wear. John Lambton no atrapa nada hasta el momento en que termina el servicio de la iglesia, momento en el que saca una pequeña criatura con forma de anguila o lamprea con nueve agujeros a cada lado de su cabeza en forma de salamandra. Dependiendo de la versión de la historia, el gusano no es más grande que un pulgar, ni mide aproximadamente 3 pies de largo. En algunas versiones tiene patas, mientras que en otras se dice que se parece más a una serpiente.
En este punto, el viejo regresa, aunque en algunas versiones es un personaje diferente. John declara que ha atrapado a un demonio y decide deshacerse de su captura descartándola en un pozo cercano. El anciano luego emite más advertencias sobre la naturaleza de la bestia. John luego se olvida de la criatura y eventualmente crece. Como penitencia por sus primeros años rebeldes, se une a las cruzadas. Finalmente, el gusano crece extremadamente grande y el pozo se vuelve venenoso. Los aldeanos comienzan a notar que el ganado se pierde y descubren que el gusano adulto salió del pozo y se enroscó en una colina local.

En la mayoría de las versiones de la historia, el gusano es lo suficientemente grande como para envolverse alrededor de la colina 7 veces. Se dice que todavía se pueden ver las marcas del gusano en Worm Hill. El gusano aterroriza a las aldeas cercanas, come ovejas, impide que las vacas produzcan leche y se lleva a los niños pequeños. Luego se dirige hacia el Castillo de Lambton, donde el Señor de la casa logra sedar a la criatura en lo que se convierte en un ritual diario de ofrecer la leche de nueve vacas buenas al gusano, veinte galones llenos de comida. Varios aldeanos valientes intentan matar a la bestia pero son despachados rápidamente, ya que cuando se corta un trozo de la criatura, simplemente vuelve a unir la pieza que falta. Los caballeros visitantes también intentan asaltar a la bestia pero ninguno sobrevive. Cuando estaba molesto, el gusano arrancaría árboles enrollando su cola alrededor de ellos. Luego creó devastación al agitar los árboles desarraigados como un garrote. 


La maldición de Lambton:

Esta maldición afecta a nueve generaciones de Lambton. Esta maldición parece haberse mantenido vigente durante al menos tres generaciones, posiblemente ayudando a contribuir a la popularidad de la historia.

1 ° Generación: Robert Lambton, ahogado en Newrig.
2 ° Generación: Sir William Lambton, coronel de pie, asesinado en Marston Moor.
3 ° Generación: William Lambton, murió en la batalla en Wakefield.
Noveno: Henry Lambton, murió en su carruaje cruzando el puente de Lambton el 26 de junio de 1761.


Canción basada en la leyenda


Un domingo por la mañana, joven Lambton
Fui a pescar en el desgaste;
Atrapó un pez en su heuk,
Él pensaba que leuk't varry queer,

Pero que tipo de pez era
El joven Lambton no podía decirlo.
Él no quería llevar a Hyem,
Así que lo hizo hoy en un pozo.

Coro:
Whisht! muchachos
Te contaré una historia triste
Whisht! muchachos
Y te diré que arranque el gusano.

Noo Lambton se sintió inclinado a ganar
Una lucha en guerras extranjeras.
Se unió a una tropa de 'Caballeros
Eso no le importó ni heridas ni cicatrices,

Y se fue a Palestina
Donde las cosas raras se sienten,
Un 'varry seun olvidó sobre
El extraño gusano en el pozo.
(Coro)
Pero el gusano engordó y se fue
Y un gran tamaño;
Saluda a grandes dientes y saluda a gran polilla,
Un saludo a los grandes ojos de goggley.

Y cuando en las redes se echó a llorar
Para recoger fragmentos de noticias,
Si se sentía seco en el camino,
Ordeñó una docena de arrullos.
(Coro)
Este feo gusano suele alimentarse
En terneros, corderos y ovejas
Un 'swir little bairns vivos
Cuando acostaron a Doon para dormir.

Y cuando había comido todo, él podía
Y él se hartó,
Se alejó y lamió la cola.
Siete veces rondó Pensher Hill.
(Coro)
La noticia de este gusano más horrible
Y sus extraños gannins,
Seun cruzó los mares, se acercó a los oídos
De valiente y bowld Sir John.

Así que hyem él cam y atrapó a la bestia
Un corte en tres mitades,
Y ese seun lo detuvo comiendo bairns
Una 'oveja' y corderos y terneros.
(Coro)
Así que no, knaa hoo a todos los amigos
En los lados del desgaste
Perdí muchas ovejas y mucho sueño
An 'vivió en feor mortal.

Así que vamos a desafiar a Sir John
Eso mantuvo a los niños en mal estado,
Coos y terneros salvados por myekin 'mitades
O 'the famis Lambton Worm.

(Coro final)
Noo muchachos, Aa me va a dar,
Eso es aa


jueves, 12 de septiembre de 2019

Silencio - E.A. Poe


Título Original: Silence
Autor: Edgar Allan Poe
Nacionalidad: EEUU
Año de publicación: 1838

Silencio

—Escúchame —dijo el Demonio, apoyando la mano en mi cabeza—. La región de que hablo es una lúgubre región en Libia, a orillas del río Zaire. Y allá no hay ni calma ni silencio.

Las aguas del río están teñidas de un matiz azafranado y enfermizo, y no fluyen hacia el mar, sino que palpitan por siempre bajo el ojo purpúreo del sol, con un movimiento tumultuoso y convulsivo. A lo largo de muchas millas, a ambos lados del legamoso lecho del río, se tiende un pálido desierto de gigantescos nenúfares. Suspiran entre sí en esa soledad y tienden hacia el cielo sus largos y pálidos cuellos, mientras inclinan a un lado y otro sus cabezas sempiternas. Y un rumor indistinto se levanta de ellos, como el correr del agua subterránea. Y suspiran entre sí.

Pero su reino tiene un límite, el límite de la oscura, horrible, majestuosa floresta. Allí, como las olas en las Hébridas, la maleza se agita continuamente. Pero ningún viento surca el cielo. Y los altos árboles primitivos oscilan eternamente de un lado a otro con un potente resonar. Y de sus altas copas se filtran, gota a gota, rocíos eternos. Y en sus raíces se retuercen, en un inquieto sueño, extrañas flores venenosas. Y en lo alto, con un agudo sonido susurrante, las nubes grises corren por siempre hacia el oeste, hasta rodar en cataratas sobre las ígneas paredes del horizonte. Pero ningún viento surca el cielo. Y en las orillas del río Zaire no hay ni calma ni silencio.

Era de noche y llovía, y al caer era lluvia, pero después de caída era sangre. Y yo estaba en la marisma entre los altos nenúfares, y la lluvia caía en mi cabeza, y los nenúfares suspiraban entre sí en la solemnidad de su desolación.

Y de improviso levantóse la luna a través de la fina niebla espectral y su color era carmesí. Y mis ojos se posaron en una enorme roca gris que se alzaba a la orilla del río, iluminada por la luz de la luna. Y la roca era gris, y espectral, y alta; y la roca era gris. En su faz había caracteres grabados en la piedra, y yo anduve por la marisma de nenúfares hasta acercarme a la orilla, para leer los caracteres en la piedra. Pero no pude descifrarlos. Y me volvía a la marisma cuando la luna brilló con un rojo más intenso, y al volverme y mirar otra vez hacia la roca y los caracteres vi que los caracteres decían DESOLACIÓN.

Y miré hacia arriba y en lo alto de la roca había un hombre, y me oculté entre los nenúfares para observar lo que hacía aquel hombre. Y el hombre era alto y majestuoso y estaba cubierto desde los hombros a los pies con la toga de la antigua Roma. Y su silueta era indistinta, pero sus facciones eran las facciones de una deidad, porque el palio de la noche, y la luna, y la niebla, y el rocío, habían dejado al descubierto las facciones de su cara. Y su frente era alta y pensativa, y sus ojos brillaban de preocupación; y en las escasas arrugas de sus mejillas leí las fábulas de la tristeza, del cansancio, del disgusto de la humanidad, y el anhelo de estar solo.

Y el hombre se sentó en la roca, apoyó la cabeza en la mano y contempló la desolación. Miró los inquietos matorrales, y los altos árboles primitivos, y más arriba el susurrante cielo, y la luna carmesí. Y yo me mantuve al abrigo de los nenúfares, observando las acciones de aquel hombre. Y el hombre tembló en la soledad, pero la noche transcurría, y él continuaba sentado en la roca.

Y el hombre distrajo su atención del cielo y miró hacia el melancólico río Zaire y las amarillas, siniestras aguas y las pálidas legiones de nenúfares. Y el hombre escuchó los suspiros de los nenúfares y el murmullo que nacía de ellos. Y yo me mantenía oculto y observaba las acciones de aquel hombre. Y el hombre tembló en la soledad; pero la noche transcurría y él continuaba sentado en la roca.

Entonces me sumí en las profundidades de la marisma, vadeando a través de la soledad de los nenúfares, y llamé a los hipopótamos que moran entre los pantanos en las profundidades de la marisma. Y los hipopótamos oyeron mi llamada y vinieron con los behemot al pie de la roca y rugieron sonora y terriblemente bajo la luna. Y yo me mantenía oculto y observaba las acciones de aquel hombre. Y el hombre tembló en la soledad; pero la noche transcurría y él continuaba sentado en la roca.

Entonces maldije los elementos con la maldición del tumulto, y una espantosa tempestad se congregó en el cielo, donde antes no había viento. Y el cielo se tornó lívido con la violencia de la tempestad, y la lluvia azotó la cabeza del hombre, y las aguas del río se desbordaron, y el río atormentado se cubría de espuma, y los nenúfares alzaban clamores, y la floresta se desmoronaba ante el viento, y rodaba el trueno, y caía el rayo, y la roca vacilaba en sus cimientos. Y yo me mantenía oculto y observaba las acciones de aquel hombre. Y el hombre tembló en la soledad; pero la noche transcurría y él continuaba sentado.

Entonces me encolericé y maldije, con la maldición del silencio, el río y los nenúfares y el viento y la floresta y el cielo y el trueno y los suspiros de los nenúfares. Y quedaron malditos y se callaron. Y la luna cesó de trepar hacia el cielo, y el trueno murió, y el rayo no tuvo ya luz, y las nubes se suspendieron inmóviles, y las aguas bajaron a su nivel y se estacionaron, y los árboles dejaron de balancearse, y los nenúfares ya no suspiraron y no se oyó más el murmullo que nacía de ellos, ni la menor sombra de sonido en todo el vasto desierto ilimitado. Y miré los caracteres de la roca, y habían cambiado; y los caracteres decían: SILENCIO.

Y mis ojos cayeron sobre el rostro de aquel hombre, y su rostro estaba pálido. Y bruscamente alzó la cabeza, que apoyaba en la mano y, poniéndose de pie en la roca, escuchó. Pero no se oía ninguna voz en todo el vasto desierto ilimitado, y los caracteres sobre la roca decían: SILENCIO. Y el hombre se estremeció y, desviando el rostro, huyó a toda carrera, al punto que cesé de verlo.

Pues bien, hay muy hermosos relatos en los libros de los Magos, en los melancólicos libros de los Magos, encuadernados en hierro. Allí, digo, hay admirables historias del cielo y de la tierra, y del potente mar, y de los Genios que gobiernan el mar, y la tierra, y el majestuoso cielo. También había mucho saber en las palabras que pronunciaban las Sibilas, y santas, santas cosas fueron oídas antaño por las sombrías hojas que temblaban en torno a Dodona. Pero, tan cierto como que Alá vive, digo que la fábula que me contó el Demonio, que se sentaba a mi lado a la sombra de la tumba, es la más asombrosa de todas. Y cuando el Demonio concluyó su historia, se dejó caer, en la cavidad de la tumba y rió. Y yo no pude reírme con él, y me maldijo porque no reía. Y el lince que eternamente mora en la tumba salió de ella y se tendió a los pies del Demonio, y lo miró fijamente a la cara.



Edgar Allan Poe