Todo comenzó cuando era pequeño y jugaba con mis peluches; a la mañana siguiente no estaban donde debían. A veces veía siluetas oscuras que caminaban alrededor mío y de vez en cuando podía ver una especie de ojos mirándome. Como siempre, mi padre no creía que fuera de verdad y decía que solo estaba en mi cabeza, cosa que nunca creí.
Hace poco volví a ver las sombras y esta vez hablaban, me decían que los acompañara, que si los seguía entraría en un mundo distinto, pero mucho mejor. Así que los seguí y cuando llegué al supuesto mundo perfecto que me habían mencionado, me di cuenta de que no era nada de lo que habían dicho.
Parecían esclavos, tenían que hacer trabajos forzados o si no recibían una tortura. Claro, era el infierno, las voces en mi cabeza eran demonios que solo querían mi alma. Empecé a sentir que ellos trataban de llevarme allí, me empujaban... Pero logré soltarme y escapar.
Nadie me creyó; a veces me veían luchando, como si estuvieran llevándome. Debido a eso estoy en el manicomio.
No puedo recibir visitas, ya que dicen que soy violento, pero en realidad ellos me visitan: los demonios vienen cada noche a tratar de llevarse mi alma.
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