miércoles, 5 de febrero de 2020

Duda

Es un sentimiento simple.
Comienza en la base de la columna vertebral y avanza hacia arriba como vides en una casa abandonada.
Cuando llega a tu pecho, tu corazón comienza a latir con fuerza, como si el mundo pudiera escuchar su súplica.
Tus ojos se mueven de un rincón oscuro a otro antes de que lo veas.
Pero la duda mantiene tu miedo en tierra, lo suficientemente cerca como para que ambos puedan mezclarse como cuerpos atrapados en una danza interminable de la muerte.
Es la mano de la duda la que te impide gritar de pánico.
Son sus susurros los que te impiden saber si el hombre del rincón es real o no.
Y cuando enciendes tu linterna, la duda permanece firme.
Solo para colapsar cómo la luz revela al hombre de nuevo, sonriendo.
Pero no era un hombre en absoluto.
Y si tuviera ojos para ver o una nariz para oler, reconocería tu duda en cada gota de sudor.
La sonrisa se ensancha y se contrae hasta que los músculos de su rostro se desgarran, revelando la decadencia de la obsidiana debajo.
Y para entonces ninguna cantidad de gritos te salvaría.




Calificación:

No hay comentarios:

Publicar un comentario