viernes, 21 de febrero de 2020

Alicanto

Origen: Mitología Chilena
Aspecto: Ave dorada 
Temperamento: Tímido
Tamaño: Mediano

Antecedentes

El alicanto es un ave de tamaño mediano a grande (50 cms a 1m), posee la cabeza similar a un cisne, con algunas plumas largas naciendo de su corona, tiene un pico encorvado que le ayuda a conseguir su alimento y patas alargadas que terminan en peligrosas garras.

Esta criatura vive en las zonas aledañas al Desierto de Atacama y busca yacimientos o grietas entre las minas para armar sus nidos. Se alimenta de metales preciosos, lo que le da el tono dorado casi mágico de sus plumas que pueden llegar a cegarte con su brillo si las observas por mucho tiempo.

Cuando un alicanto come, busca un refugio donde descansar ya que no podrá volar por un tiempo debido al excesivo peso que ha ingerido. Estos animales se dan grandes banquetes y luego descansan escondidos en sus cómodas cuevas por periodos prolongados de tiempo antes de volver a salir en busca de alimento. 

Se dice que el avistamiento de un Alicanto es un suceso de muy buena fortuna, ya que si logras seguirlo a su nido, encontrarás un vasto tesoro de oro, plata y otros metales preciosos, para seguir a esta criatura debes ser un rastreador experto ya que no deja huellas ni indicios de su presencia. Si te aventuras a perseguir un Alicanto no debes ser descubierto por él, ya que si te descubre y juzga como avaro hará que te pierdas llevándote por caminos peligrosos y desconocidos donde no podrás encontrar un refugio o retorno. 





Solo en Casa

Aquella noche, Michael se había quedado completamente solo. Sus padres habían salido de viaje ese fin de semana y su hermana mayor no volvería hasta muy tarde, después de terminada la fiesta de su facultad. Como cualquier adolescente, se regodeó de poder tener la residencia a su disposición y sin nadie que lo molestase. Tal vez él no pudiera salir de fiesta, podría podría quedarse viendo películas hasta tarde y comer un montón de bocadillos.

El plan perfecto para cualquier chico.

Después de hacerse unas palomitas en el microondas, se dirigió a la sala de estar y tomó el control remoto de la televisión para buscar algo interesante. El aparato se encendió en el canal de las noticias, donde el presentador comunicaba una novedad espeluznante.

Un peligroso asesino serial había escapado de la cárcel de máxima seguridad más cercana a la ciudad. Se trataba de un sujeto muy inestable y despiadado.

Al ver la fotografía del maleante en la pantalla, Michael sintió un escalofrío.

—Les rogamos asegurar puertas y ventanas en casa, y llamar de inmediato a las autoridades si llegan a ver o escuchar algo extraño cerca de su domicilio —recomendó el presentador.

Michael dejó todo lo que estaba haciendo y corrió a asegurar la puerta principal y las ventanas. Justo cuando estaba por relajarse, recordó que tenía que ocuparse de la puerta corrediza del jardín. Preocupado, fue a ponerle el seguro cuando notó algo que lo dejó paralizado, a través del cristal de la misma.

Afuera, el mismo asesino al que había visto por la televisión lo estaba mirando fijamente, de pie sobre la nieve. Una sonrisa malsana se dibujó en sus labios y Michael sintió temblar sus piernas.

Colocó con fuerza el seguro en la puerta y, sin dejar de mirarlo a los ojos, palpó con su mano sobre la cómoda cercana, para tomar el teléfono. Solo bajó la mirada un segundo, para marcar el número del 911, pero cuando volvió a mirar hacia afuera se dio cuenta de que el fugitivo se encontraba mucho más cerca.

Aterrado, Michael agachó la mirada, tragó saliva y espero a que el aparato terminara de marcar…

—Buenas noches, ha llamado usted a emergencias, ¿en qué puedo ayudarle? —habló la voz de una mujer joven al otro lado de la línea.

—Hay un asesino en mi jardín.

—¿Disculpe?

Haciendo acopio de todo el valor que le quedaba, Michael volvió a alzar los ojos. El asesino estaba demasiado cerca. Pero no había huellas en la nieve.

—¿Hola? ¿Me escucha? ¿Hola? —la voz de la operadora se escuchó como un eco lejano, mientras un escalofrío intenso le recorría la columna vertebral.

El teléfono cayó de la mano temblorosa de Michael. Comprendió que durante aquellos tortuosos segundos, no había estado mirando al desconocido de pie en su jardín. Él no estaba allí. Y lo que sus ojos habían estado observando, era solamente su reflejo en el cristal de la puerta.

Ahora podía escuchar su respiración con total claridad. El asesino estaba detrás de él.


Calificación:


jueves, 20 de febrero de 2020

El Almohadón de Plumas - Horacio Quiroga

Su luna de miel fue un largo escalofrío. Rubia, angelical y tímida, el carácter duro de su marido heló sus soñadas niñerías de novia. Ella lo quería mucho, sin embargo, a veces con un ligero estremecimiento cuando volviendo de noche juntos por la calle, echaba una furtiva mirada a la alta estatura de Jordán, mudo desde hacía una hora. Él, por su parte, la amaba profundamente, sin darlo a conocer.

Durante tres meses (se habían casado en abril) vivieron una dicha especial.

Sin duda hubiera ella deseado menos severidad en ese rígido cielo de amor, más expansiva e incauta ternura; pero el impasible semblante de su marido la contenía siempre.

La casa en que vivían influía un poco en sus estremecimientos. La blancura del patio silencioso —frisos, columnas y estatuas de mármol— producía una otoñal impresión de palacio encantado. Dentro, el brillo glacial del estuco, sin el más leve rasguño en las altas paredes, afirmaba aquella sensación de desapacible frío. Al cruzar de una pieza a otra, los pasos hallaban eco en toda la casa, como si un largo abandono hubiera sensibilizado su resonancia.

En ese extraño nido de amor, Alicia pasó todo el otoño. No obstante, había concluido por echar un velo sobre sus antiguos sueños, y aún vivía dormida en la casa hostil, sin querer pensar en nada hasta que llegaba su marido.

No es raro que adelgazara. Tuvo un ligero ataque de influenza que se arrastró insidiosamente días y días; Alicia no se reponía nunca. Al fin una tarde pudo salir al jardín apoyada en el brazo de él. Miraba indiferente a uno y otro lado. De pronto Jordán, con honda ternura, le pasó la mano por la cabeza, y Alicia rompió en seguida en sollozos, echándole los brazos al cuello. Lloró largamente todo su espanto callado, redoblando el llanto a la menor tentativa de caricia. Luego los sollozos fueron retardándose, y aún quedó largo rato escondida en su cuello, sin moverse ni decir una palabra.

Fue ese el último día que Alicia estuvo levantada. Al día siguiente amaneció desvanecida. El médico de Jordán la examinó con suma atención, ordenándole calma y descanso absolutos.

—No sé —le dijo a Jordán en la puerta de calle, con la voz todavía baja—. Tiene una gran debilidad que no me explico, y sin vómitos, nada... Si mañana se despierta como hoy, llámeme enseguida.

Al otro día Alicia seguía peor. Hubo consulta. Constatóse una anemia de marcha agudísima, completamente inexplicable. Alicia no tuvo más desmayos, pero se iba visiblemente a la muerte.

Todo el día el dormitorio estaba con las luces prendidas y en pleno silencio. Pasábanse horas sin oír el menor ruido. Alicia dormitaba. Jordán vivía casi en la sala, también con toda la luz encendida. Paseábase sin cesar de un extremo a otro, con incansable obstinación. La alfombra ahogaba sus pasos. A ratos entraba en el dormitorio y proseguía su mudo vaivén a lo largo de la cama, mirando a su mujer cada vez que caminaba en su dirección.

Pronto Alicia comenzó a tener alucinaciones, confusas y flotantes al principio, y que descendieron luego a ras del suelo. La joven, con los ojos desmesuradamente abiertos, no hacía sino mirar la alfombra a uno y otro lado del respaldo de la cama. Una noche se quedó de repente mirando fijamente. Al rato abrió la boca para gritar, y sus narices y labios se perlaron de sudor.

—¡Jordán! ¡Jordán! —rígida de espanto, sin dejar de mirar la alfombra.

Jordán corrió al dormitorio, y al verlo aparecer Alicia dio un alarido de horror.

—¡Soy yo, Alicia, soy yo!

Alicia lo miró con extravió, miró la alfombra, volvió a mirarlo, y después de largo rato de estupefacta confrontación, se serenó. Sonrió y tomó entre las suyas la mano de su marido, acariciándola temblando.

Entre sus alucinaciones más porfiadas, hubo un antropoide, apoyado en la alfombra sobre los dedos, que tenía fijos en ella los ojos.

Los médicos volvieron inútilmente. Había allí delante de ellos una vida que se acababa, desangrándose día a día, hora a hora, sin saber absolutamente cómo. En la última consulta Alicia yacía en estupor mientras ellos la pulsaban, pasándose de uno a otro la muñeca inerte. La observaron largo rato en silencio y siguieron al comedor.

—Pst... —se encogió de hombros desalentado su médico—. Es un caso serio... poco hay que hacer...

—¡Sólo eso me faltaba! —resopló Jordán. Y tamborileó bruscamente sobre la mesa.

Alicia fue extinguiéndose en su delirio de anemia, agravado de tarde, pero que remitía siempre en las primeras horas. Durante el día no avanzaba su enfermedad, pero cada mañana amanecía lívida, en síncope casi. Parecía que únicamente de noche se le fuera la vida en nuevas alas de sangre. Tenía siempre al despertar la sensación de estar desplomada en la cama con un millón de kilos encima. Desde el tercer día este hundimiento no la abandonó más. Apenas podía mover la cabeza. No quiso que le tocaran la cama, ni aún que le arreglaran el almohadón. Sus terrores crepusculares avanzaron en forma de monstruos que se arrastraban hasta la cama y trepaban dificultosamente por la colcha.

Perdió luego el conocimiento. Los dos días finales deliró sin cesar a media voz. Las luces continuaban fúnebremente encendidas en el dormitorio y la sala. En el silencio agónico de la casa, no se oía más que el delirio monótono que salía de la cama, y el rumor ahogado de los eternos pasos de Jordán.

Alicia murió, por fin. La sirvienta, que entró después a deshacer la cama, sola ya, miró un rato extrañada el almohadón.

—¡Señor! —llamó a Jordán en voz baja—. En el almohadón hay manchas que parecen de sangre.

Jordán se acercó rápidamente Y se dobló a su vez. Efectivamente, sobre la funda, a ambos lados del hueco que había dejado la cabeza de Alicia, se veían manchitas oscuras.

—Parecen picaduras. —murmuró la sirvienta después de un rato de inmóvil observación.

—Levántelo a la luz. —le dijo Jordán.

La sirvienta lo levantó, pero enseguida lo dejó caer, y se quedó mirando a aquél, lívida y temblando. Sin saber por qué, Jordán sintió que los cabellos se le erizaban.

—¿Qué hay? —murmuró con la voz ronca.

—Pesa mucho. —la sirvienta, sin dejar de temblar.

Jordán lo levantó; pesaba extraordinariamente. Salieron con él, y sobre la mesa del comedor Jordán cortó funda y envoltura de un tajo. Las plumas superiores volaron, y la sirvienta dio un grito de horror con toda la boca abierta, llevándose las manos crispadas a los bandós. Sobre el fondo, entre las plumas, moviendo lentamente las patas velludas, había un animal monstruoso, una bola viviente y viscosa. Estaba tan hinchado que apenas se le pronunciaba la boca.

Noche a noche, desde que Alicia había caído en cama, había aplicado sigilosamente su boca —su trompa, mejor dicho— a las sienes de aquélla, chupándole la sangre. La picadura era casi imperceptible. La remoción diaria del almohadón había impedido sin duda su desarrollo, pero desde que la joven no pudo moverse, la succión fue vertiginosa. En cinco días, en cinco noches, había vaciado a Alicia.

Estos parásitos de las aves, diminutos en el medio habitual, llegan a adquirir en ciertas condiciones proporciones enormes. La sangre humana parece serles particularmente favorable, y no es raro hallarlos en los almohadones de pluma.


Horacio Quiroga

#344 El Holder del Fuego

En cualquier pueblo de más de cien años, ve a la catedral más cercana al centro de la ciudad, cuando ingreses en ella te recibirá un viejo sacerdote sordo y jorobado. Debes decirle antes de los 30 segundos que dura su saludo, que deseas ver al "Portador del Fuego". Si te demoras mucho, sus oídos se cerrarán y el regresará a su silencio mudo hasta que otro buscador venga a buscarlo.

Si preguntas a tiempo el sacudirá su cabeza tres veces, pídeselo denuevo, esta vez el se parará tan erguido como su edad se lo permita y te mirará directamente a los ojos, no rompas el contacto visual con él, ya que en estos momentos la iglesia y todo lo que contiene se está disolviendo, si observas este proceso te volverás loco.

Después de lo que parece una eternidad te encontrarás a ti mismo de pie en medio de la oscuridad más profunda, entonces del medio de las tinieblas aparecerá un fuego rugiente, no verás la fuente de esta luz, de echo te parecerá que está emanando de la nada en medio del aire.

Del medio de esta flama emergerá la criatura más adorable que jamás hayas visto, será brillante y cromado como si estuviera formado de metal caliente y cambiará de forma tornándose en todos tus deseos, sin embargo no debes mirar el cuerpo de este ser, solo su cara. Si bajas la mirada se enfurecerá y desde entonces todo se tornará dolor y agonía.

Habla inmediatamente y pregúntale solo una cosa: "¿Cuánto tiempo se ha Quemado?" Si no contesta de inmediato, arrodíllate mientras miras el piso, será mejor que no veas como morirás. Si te considera digno de escuchar la respuesta abrirá su boca disparando una lengua de fuego, escucharás voces de plata a su alrededor que entumecerán hasta el más recóndito ápice de tu ser. La criatura te contará todo lo que ha visto y de lo que ha sido parte. Debes escuchar en silencio hasta que termine su relato o de lo contrario te encontrarás nuevamente en la puerta de la iglesia, volviéndote loco por no saber como termina el relato.

Cuando eso termine su historia notarás que la temperatura del lugar ha descendido considerablemente a pesar de las llamas. Debes permanecer ahí, quieto sin temblar ya que si aguantas lo suficiente la criatura te preguntará: "¿Tienes frio?" contesta que si lo tienes y el te entregara un pequeño pedernal que te llenará de calor, en ese momento la oscuridad inundará todo y el ser desaparecerá. Te encontrarás nuevamente en la iglesia, sal de ahi de inmediato y no le cuentes al sacerdote lo que has visto.



El pedernal es el objeto 344 de 538. Mientras lo sostengas estarás desesperadamente caliente hasta que te arranques tu propia piel, mejor apúrate.

miércoles, 19 de febrero de 2020

Del Otro Lado

Eduardo es un muchacho universitario aproximadamente de 22 años ,que vive en un pequeño apartamento en el centro de la ciudad. Este joven tiene una afición, le gusta leer cosas paranormales, mitos e historias de terror en Internet, esto ha sido de toda la vida y es porque de niño leía lecturas que no eran propios de su edad y por lo general estaba más en la casa de sus padres que jugando con sus amigos en el parque. A Eduardo le gusta tanto, que hay días en que llegaba cansado de la Universidad y rápidamente iba a su escritorio y encendía la computadora. Normalmente pasa toda la noche en la computadora, ya que en este tiempo también hace sus trabajos de la Universidad. Esa era la rutina de este joven ir a la Universidad, cenar , encender la computadora , hacer la tarea en Word y luego antes de irse a dormir, leer historias de terror. Era feliz, a su modo pero era feliz.

Un día, él estaba navegando por Internet, en Facebook, Wikipedia entre otros sitios web. Ya era de madrugada y se dio cuenta que era demasiado tarde para seguir despierto, con bastante sueño pensó "5 minutos más y me voy a dormir” hasta que entró a un foro "x" en el que se comentaban temas oscuros. Mientras se encontraba haciendo scroll hacía abajo, le llamó mucho la atención un hilo muy  particular, era sobre una leyenda urbana... más que eso, era algo como un ritual, algo que él jamás había visto en Internet y a estas alturas era algo extraño en ya que él sabía mucho sobre ese tipo de cosas, el tema no tenía un nombre en especial, Eduardo se extraño aun más porque lo lógico es que  las publicaciones siempre tengan un título, pero aquí solo se podía leer "ritual" ni si quiera salía quien lo había publicado o posteado, absolutamente nada. No se lo tomo mucho en cuenta, uso el scroll hacia abajo y comenzó a leer: "La persona que haga esto debe de estar consciente en lo que esta apunto de hacer, debe estar consciente de que este no es un juego y menos una de esas bromas que recorren en Internet, hazlo si eres valiente, pero las consecuencias serán terribles, no hay marcha atrás, si es así, pues prepárate para lo peor porque después de que lo hayas hecho, ten por hecho que tu vida ya no será la misma…" "Espera a que sea de madrugada, debes estar completamente solo, sin ningún acompañante en tu casa y que todo a tu alrededor este en un completo silencio, deja la puerta semi-abierta de tu habitación, apaga las luces y acuéstate del lado contrario de tu cama. Al pasar las horas, comenzarás a tener pesadillas sobre algo que te esta vigilando desde el otro lado de tu puerta, para el momento en que sientas que la presencia es demasiado fuerte, sea como sea debes intentar despertarte de inmediato y cerrar la puerta de tu habitación, pero si no lo haces a tiempo esta cosa jamás se irá y jamás te dejará de vigilar por las noches”. Eduardo al leer esto, tiró unas cuentas carcajadas, encogió los hombros en forma de mofa y dijo:”Que estupidez”,bebió un poco de agua, apagó la computadora y se fue a dormir.

El problema es que por más que le fascinaran estas cosas, no las creía, para él simplemente eran un montón de historias.

Pasaron los días y ya era Sábado de noche, Eduardo llegó de la Universidad, cenó y comenzó a navegar en la computadora, a eso de las 2:00 a.m. ya estaba aburrido, otro fin de semana nada fuera de lo común, apagó la computadora, y en eso se acordó de lo que había leído en ese foro días antes, lo pensó por unos minutos, en silencio, decidió hacerlo solo por curiosidad, se levantó de la silla, dejó la puerta de la habitación semi-abierta, justo como decía que tenía que hacerlo y se recostó del lado inverso de la cama. El cuarto estaba en un total silencio, oscuro y lo único que alcanzaba a escuchar era un pequeño sonido de su reloj de mano que estaba a su costado, imagínate tú en tu cuarto, pensando en que tienes que levantarte temprano para ir a estudiar, en fin, estando solo en la oscuridad, y digo solo porque aunque sabes que tus padres están en la otra habitación, sientes que no hay nadie y que estás en tu cuarto solo y escuchando tu propia respiración. El chico se quedo viendo la pared por unos cuantos minutos esperando que le empezará a dar sueño, en ese momento cerro los ojos y empezó a dormir y a soñar.

En sus sueños escuchaba pasos muy profundos que se le acercaban, veía que algo lo estaba mirando, se percato que estaba entrando lentamente a su cuarto, sentía que le agarraban los hombros y los empezarán a apretar fuertemente como si una maquina lo estuviera aplastando vivo. En su desesperación trataba desesperadamente de despertarse, quería gritar pero no podía, su conciencia le decía: ”DESPIERTA DESPIERTA DESPIERTA DESPIERTA…”, al fin se despertó y como si lo que acababa de soñar lo hubiese vivido segundo a segundo, se levantó y cerró la puerta de su habitación.

Pasaron unos cuantos días y su mejor amigo de la Universidad fue a su apartamento para visitarlo, ya que se había ausentado bastante tiempo en la facultad, pensaba que Eduardo podía estar enfermo, o tal vez tenía un problema "x" y realmente le interesaba ver que su amigo se encontrara bien. Tocó la puerta varias veces pero nadie venía a abrirle, trató de girar la perilla pero no funcionaba, al ver que no había respiesta comenzó a gritar: “Soy yo, Renato, ábreme la puerta por favor”… Al no recibir ninguna respuesta, bajó a la recepción y le pidió la llave al encargado del edificio desesperadamente sospechando lo peor, la expresión en sus ojos era de miedo, miedo de que le haya pasado algo malo a Eduardo. Renato subió nuevamente, abrió la puerta y empezó a buscar a su compañero por toda la casa, caminó un largo pasillo que llevaba hacia la habitación de Eduardo, estaba oscuro y había un silencio muy profundo, a Renato le latía el corazón fuertemente como si algo lo estuviera esperando desde la habitación de su mejor amigo. Entró a su habitación y no podía creer lo que estaba viendo, sus ojos le empezaron a palpitar, sus labios a temblar, era el cuerpo de Eduardo en el suelo junto con un frasco de pastillas para dormir.

Desgraciadamente Eduardo se había suicidado, al acercarse se percato que había una carta en el escritorio de Eduardo. En ella decía: "Me arrepiento de haberlo hecho, después de esa noche, no pude dormir más, intenté tomar pastillas para dormir pero no funcionó. Todas las noches él me miraba fijamente y yo trataba de evitarlo pero no podía. Desde esa noche eso nunca se fue, nunca dejo de observarme y ya no puedo,el miedo me esta matando por dentro, he decidido no vivir más" Lamentablemente esta anécdota real termina aquí, hasta el día de hoy Renato y la policía se siguen preguntando cual fue la causa de su suicidio y de que pudo ser lo que Eduardo vio durante esas noches.

Quiero que tomes en cuenta muy enserio lo que acabo de contarte, créeme, es algo con lo que no te quieres meter, es algo con lo que no quieres jugar, si vas a hacerlo es tu decisión, lo que te pase esta noche y las demás es cosa tuya, ten mucho cuidado, muchas cosas malas andan sueltas ahí afuera …



Calificación: